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El griego de Toledo

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La primera parada en el viaje a través de 400 años de leyendas y malentendidos en torno a El Greco (1541-1614) es para el visitante a la histórica exposición El griego de Toledo, en el Museo de Santa Cruz, la célebre vista del casco urbano de la ciudad sobre la que se ciernen unos negros nubarrones. El préstamo, del Metropolitan de Nueva York, es una de las piezas estrella de la muestra estrella de las celebraciones del cuarto centenario de la muerte del pintor cretense en el lugar en el que el pasó media vida.

Y esa perspectiva (alterada al antojo del artista, eso sí) recuerda a la que aguardaba esta mañana nublada al viajero que llegaba por tierra desde Madrid. Además, sirve bien de metáfora de las visicitudes vitales de un artista nacido como Doménikos Theotokópoulos en Creta y que acabó en Toledo tras el consabido aprendizaje italiano y el sonoro fracaso de sus relaciones profesionales con Felipe II, que no quiso contar con él para su gran obra de El Escorial. No solo eso, el lienzo neoyorquino también invita a pensar en el viaje de vuelta cubierto por muchas de las 76 obras procedentes de 11 países y 45 prestadores, algunas de ellas nunca vistas en España.

Las joyas internacionales se suman a los tesoros locales para una exposición que inaugurará mañana la Reina y que no solo es la primera antológica dedicada al Greco en Toledo en todo este tiempo, es también la más completa que nunca se haya hecho nunca en ninguna parte. Y eso es, claro, porque el recorrido se reparte, en torno al núcleo de Santa Cruz en otros cinco espacios, bien conocidos de la hinchada local: la Sacristía de la Catedral, la iglesia de Santo Tomé, la Capilla de San José, habitualmente cerrada al público, el convento de Santo Domingo el Antiguo y el Hospital de Tavera.

Si a ello se añaden las del Museo del Greco, punto que no forma propiamente parte del recorrido (se ha querido centrar el foco en los lugares en los que el pintor dejó su huella en vida, aseguran desde la organización de la muestra), "en Toledo se pueden contemplar ahora mismo unas 125 piezas del cretense", cerca de la mitad de su producción total, según ha recordado esta mañana durante la presentación a la prensa Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, presidente de la Fundación El Greco 2014.

Las joyas internacionales se suman a los tesoros locales para una exposición que inaugurará mañana la Reina 

La expectación era enorme: dos centenares de periodistas estaban acreditados para asistir a la conferencia de prensa, en la que también ha participado el comisario Fernando Marías, autor de la apabullante monografía del artista, mejorada y reeditada con ocasión de la efeméride por Nerea. "Aquí estamos para cumplir con el compromiso adquirido en 2010, cuando se constituyó en la sacristía de la catedral de Toledo la fundación", ha explicado Marañón. "Celebrar el cuarto centenario de la muerte de nuestro pintor, que en realidad es el segundo que se conmemora, tras las celebraciones de 1914, cuando el hombre que conocíamos era muy distinto al que conocemos hoy". Marañón se ha congratulado además de que esta iniciativa haya contado "con el apoyo sobre todo de la sociedad civil", que ha aportado "un 85%" de los "dos millones de presupuesto".

Marías, por su parte, ha prometido que el retrato del artista que se pinta para esta ocasión única es totalmente contemporáneo. "Alguien que no solo es un pintor de lienzos, sino que también es un arquitecto, un escenógrafo, un diseñador de espacios, alguien que arma sus retablos como un creador multimedia".

El recorrido por el museo Santa Cruz, corazón de la muestra, que goza de una exquisita museografía en tonos dorados a cargo de María Fraile, de la empresa de aquitectura efímera Empty, supone ir de un sobresalto en otro; de una obra maestra en otra. Está el famosísimo tríptico de Módena, tan poco visto fuera de su ubicación original, así como algunas tablas de la época griega, que sirven como testimonios de sus primeros años.

Después vendrá el pintor italianizado que ejemplifica el martirio de San Sebastián o la controvertida Dama de armiño, cuya autoría aún sigue en duda. Y luego están las figuras alargadas de la época de madurez, como esa crucifixión del Louvre con donantes, que no se debieron a la "falacia de que el pintor sufriera astigmatismo", advierte Marías, "sino a su creencia en que las personas altas son más bellas".

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