Facebook Twitter Google +1     Admin

El capitán Cuéllar

20141019134845-cuellar-trail-2.jpg

Desconocemos el lugar y fecha de nacimiento del capitán Francisco de Cuéllar, si bien, la segunda debió ser posterior a 1563, ya que en su narración afirma que sirvió desde que tuvo edad para ello.

Respecto al lugar de nacimiento no hay ningún documento que afirme un lugar u otro, pero la opción más extendida es la villa segoviana de Cuéllar.1 La especial devoción de Cuéllar por "Nuestra Señora del Ontañar" podría apuntar a Arnedo en La Rioja o bien en Navahermosa, Toledo. El uso de ciertas palabras en el texto como "casiña" o "casares" podrían indicar un origen leonés o extremeño.[cita requerida] Pero hoy por hoy ninguno de los anteriores lugares cuenta con respaldo documental.

Todo indica que se alista en el ejército que va a invadir Portugal en 1581 -siguiendo su narración y las hojas de servicios descubiertas por Rafael Girón- y participa en toda la anexión del reino vecino. Acto seguido se va a embarcar con Diego Flores Valdés en su expedición al Magallanes, siendo capitán de infantería española en la fragata Santa Catalina. Esta expedición durará hasta 1584 y llevará a Cuéllar al fuerte de Paraíba en Brasil, para desalojar a los colonos franceses que se habían apoderado de la región.

Tras regresar de Indias, Cuéllar va a participar en la expedición a las Azores bajo el mando del marqués de Santa Cruz. Aparece cierta referencia en la narración "El hacerme este bien nació del francés, que había sido soldado en la Tercera, que le pesó harto verme hacer tanto mal".

Armada Invencible

La Armada Invencible sufrió terribles pérdidas en las tormentas que se produjeron en otoño de 1588. Cuéllar era capitán del San Pedro cuando este barco rompió la formación de la Armada en el Mar del Norte. Fue condenado a morir en la horca por desobediencia por el General Francisco de Bobadilla. Enviaron a Cuéllar al galeón, San Juan de Sicilia, para que el Auditor General Martín de Aranda ejecutase la sentencia.

Naufragio

Mapa de la ruta seguida por los navíos de la "Armada Invencible".

La sentencia de muerte no se ejecutó y Cuéllar permaneció a bordo hasta que el galeón - que formaba parte del escuadrón Levante, que sufrió numerosas bajas (con menos de 400 supervivientes de los 4.000 que zarparon) - se ancló cerca de la costa de Irlanda, a una milla de Streedagh Strand en el actual Condado de Sligo, en compañía de otros dos galeones. Al quinto día de estar anclados, los tres barcos fueron arrastrados hacia la costa y destrozados en pedazos. De la tripulación de los tres barcos (1.000 hombres) 300 sobrevivieron.

Los habitantes locales agredieron, robaron y desnudaron a los que llegaron a la costa, pero Cuéllar que se había agarrado a una tabla, consiguió llegar a la orilla sin ser visto y se escondió entre la maleza. Su estado era muy malo, y pronto se unió a él otro superviviente, desnudo, que pronto murió. Cuéllar siguió deambulando perdiendo a veces la consciencia. En un momento él y su acompañante fueron descubiertos por dos hombres armados, que los cubrieron para dirigirse al pillaje en la orilla. En otro momento vio a 200 jinetes cabalgando por la playa.

Cuéllar se arrastró y vio 800 cadáveres esparcidos en la arena, de los que los cuervos y perros salvajes se alimentaban. Se dirigió a la Abadía de Staad, una pequeña iglesia que había sido incendiada por las autoridades inglesas y cuyos monjes había escapado: vio a doce españoles colgando de ganchos atados a las barras de hierro de las ventanas que quedaban en las ruinas de la iglesia. Una mujer de la zona le recomendó que se alejara del camino, después se encontró con dos soldados españoles, desnudos, que le informaron de que los soldados ingleses habían matado a los 100 españoles que habían caído en sus manos.

Juntos se acercaron a la playa y vieron cuatrocientos cadáveres en la arena. Se detuvieron para enterrar los cadáveres de dos oficiales cuando cuatro locales se les acercaron con la intención de tomar lo que quedaba de las ropas de Cuéllar. Otro les ordenó que los dejaran en paz y condujo a los españoles a su poblado. Caminaron descalzos con el frío, por un bosque donde encontraron a dos jóvenes que viajaban con un viejo y una joven: los jóvenes atacaron a Cuéllar, que recibió una cuchillada en una pierna antes de que el viejo interviniese.

Le quitaron su ropa, una cadena de oro por valor de mil ducados y cuarenta y cinco coronas de oro. La mujer se aseguró de que le devolvieran su ropa y tomó un pequeño cofre que contenía reliquias, que se colgó al cuello antes de partir. Un muchacho le ayudó a curar sus heridas y le trajo comida.

Cuéllar siguió el consejo del muchacho de no acercarse al poblado, y se mantuvo comiendo bayas y berros. Fue atacado de nuevo por otro grupo de hombres que le dieron una paliza y le quitaron su ropa. Se cubrió con un faldón de helechos y ramas. Llegó a una población desierta donde encontró a otros tres españoles. Tras pasar algún tiempo en este lugar, encontraron a un joven que hablaba latín y que los condujo al territorio del señor Brian O’Rourke en el actual Condado de Leitrim.

La tierra de O’Rourke’s

Situación del Condado de Leitrim en el mapa de Irlanda

En tierras de O’Rourke se encontraban seguros. En un pueblo se refugiaban setenta españoles. Cuellar se dirigió al norte con un grupo en busca de un barco español anclado, pero el barco había partido. Volvieron a la tierra de O’Rourke, donde la esposa del señor fue su anfitriona.

Cuéllar observó la sociedad, percibiendo que esas gentes vivían de modo salvaje, pero que eran amistosos y seguían los usos de la Iglesia. Escribió que, de no haber sido por su hospitalidad, él y sus compañeros no habrían sobrevivido. Concluyó que en esas tierras no había justicia ni derecho, ya que todo el mundo hacía lo que quería (Kilfeather, p.83).

El sitio de Rosclogher

En noviembre de 1588, Cuéllar se desplazó al territorio de Maglana (MacClancy) con otros ocho españoles. Permaneció en uno de los castillos del señor - probablemente en Rosclogher en la orilla sur del lago Melvin. Les llegaron nuevas de que los ingleses habían enviado mil setecientos soldados contra ellos. En respuesta el señor optó por huir a las montañas, mientras que los españoles defendían el castillo. Disponían de dieciocho armas de fuego - mosquetes y arcabuces - y consideraron que el castillo era inexpugnable, debido a su ubicación en tierras que evitaban el uso de artillería.

Los ingleses llegaron al mando del hermano de Richard Bingham, gobernador de Connacht. El sitio duró diecisiete días. En ese tiempo no pudieron cruzar el difícil terreno y tal y como relata Cuéllar, tras ver rechazada su oferta de salvoconducto a España, ahorcaron a dos españoles a la vista del castillo para aterrorizar a sus defensores. Los ingleses vieron forzados a levantar el sitio a causa del mal tiempo.

MacClancy regresó con regalos para los defensores, incluida la oferta a Cuéllar de la mano de su hija, que Cuéllar declinó. En contra del criterio del jefe, los españoles dejaron estas tierras diez días antes de Navidad, dirigiéndose al norte. Encontraron que el obispo de Derry, Redmond O’Gallagher, tenía otros doce españoles a su cargo, a los que intentaba ayudar a llegar a Escocia.

Huida

Tras seis días, Cuéllar y los otros diecisiete zarparon hacia Escocia. Dos días después alcanzaron las Hébridas y poco después la costa escocesa. Cuéllar permaneció en Escocia seis meses, hasta que los esfuerzos del Duque de Parma le obtuvieron pasaje para Flandes. Los holandeses esperaban en la costa y el barco de Cuéllar naufragó y muchos de los supervivientes se ahogaron o los mataron tras capturarlos. De nuevo se encontró en una situación similar a la que había vivido en Irlanda, cuando entró en la ciudad de Dunquerque con sólo su camisa. Escribió el relato de su experiencia y continuó en Flandes algunos años más.

O’Rourke fue colgado en Londres por traición en 1590; entre las acusaciones que se le hicieron estaba la de socorrer a los supervivientes de la Armada. MacClancy fue capturado por el hermano de Bingham en 1590 y decapitado.

La vida de Cuéllar después de la jornada de Inglaterra

El capitán Cuéllar servirá en el ejército de Felipe II a las órdenes de Alejandro Farnesio, el conde de Fuentes y Mansfeld durante los años siguientes. Entre 1589 y 1598 participa en el Socorro de París, las empresas de Laón, Corbel, Capela, Châtelet, Dourlens, Cambrai, Calais, Ardres y el sitio de Hults. Entre 1599 y 1600 estará bajo mando del duque de Saboya en la guerra de Piamonte. En 1600 pasará a Nápoles junto al virrey Lemos.

En 1601 será nombrado capitán de infantería en uno de los galeones con destino a las islas de Barlovento (Antillas), si bien hasta 1602 no embarcará hacia Indias con la flota de galeones de don Luis Fernández de Córdova.

Parece que estas fueron las últimas campañas militares del capitán. Entre 1603 y 1606 residirá en Madrid a la espera de nuevos destinos. Es posible que volviera a pasar a América en 1607.

Nada se sabe del lugar de fallecimiento del capitán Cuéllar o si tuvo descendencia.

19/10/2014 13:48 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"Dindirindin"

17/10/2014 19:52 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Gran Guerra. Una Visión desde España

Gracias a un acuerdo de colaboración entre el Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM) y el Centro Cultural Conde Duque del Ayuntamiento de Madrid, el próximo 14 de octubre se inaugura la exposición “La Gran Guerra. Una visión desde España”. De esta manera ambos organismos se suman a los actos que se celebran por toda Europa para rememorar el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
En palabras del general Vidal de Loño, director del IHCM, "la muestra “permite contemplar escenas inéditas de la Gran Guerra y divulgar una parte del singular patrimonio histórico-militar que”, como el instituto que preside, “están abiertos a todos los investigadores y ciudadanos”.
Los visitantes podrán disfrutar de un centenar de fotografías representativas de las colecciones originales de época que conserva el Archivo General Militar de Madrid (AGMM), centro archivístico dependiente del IHCM. A través de estas instantáneas se documenta el desarrollo y evolución de las hostilidades, algunos de sus principales eventos y la vida cotidiana en los campos de batalla y en las retaguardias. De los ricos fondos bibliográficos de la Hemeroteca y Biblioteca Histórica Municipal constituyen otro de sus grandes atractivos. Revistas ilustradas españolas y extranjeras, periódicos, libros, folletos, tarjetas postales, incluso un manuscrito de Antonio Machado, recrean el ambiente social y cultural de la Europa de aquel tiempo. Finalmente la muestra se completa con una selección de piezas como armas y equipos, cedidas benévolamente por coleccionistas privados, así como una pequeña colección de maquetas realizadas por algunos de los principales especialistas de nuestro país.
Se completa con la celebración con un concierto el día 23 de octubre a las 19 horas y un ciclo de conferencias el día 11 de noviembre a las 18:15 horas y cuyo programa se puede consultar en el Cartel.

Lugar: Centro Cultural Conde Duque. C/ Conde Duque 11 (28015- Madrid) (Sala 1)
Fechas: del 14 de octubre al 30 de noviembre
Horario: de martes a sábado, de 10:30 a 14 horas y de 17:30 a 21 horas; domingos y festivos, de 10:30 a 14 horas
Teléfonos: 91 722 05 73 / 91 480 04 01 (exposiciones)

09/10/2014 19:31 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Como sencza la vita

05/10/2014 23:28 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

une âme italienne

05/10/2014 23:20 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

I Sanfedisti

03/10/2014 16:10 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Tarantella del Gargano

27/09/2014 20:37 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sorolla USA, exposicion en Mapfre

20140923214711-sorolla-644x462.jpg

Cinco años después, Joaquín Sorolla regresa por la puerta grande a Madrid. Si en 2009 el Prado le dedicaba una antológica irrepetible, en la que se codeaba de tú a tú con los grandes maestros -y aguantó el tipo-, ahora es la Fundación Mapfre la que exhibe su producción norteamericana, que fue muy fecunda y apenas se ha visto en España. La historia de amor entre Sorolla y Estados Unidos, como suele ocurrir en las pasiones más arrebatadas, fue breve pero intensa. Un flechazo en toda regla. Llegó por primera vez en 1909, acompañado por su esposa, Clotilde, y sus dos hijos mayores, para inaugurar tres exposiciones en Nueva York, Búfalo y Boston. Las colas se sucedían a diario frente a la Hispanic Society of America, en Manhattan, para ver su trabajo. En un solo día visitaron la muestra 30.000 personas.

El Metropolitan compró tres obras, entre ellas el impresionante «Retrato de Clotilde con vestido negro». Entre las tres sedes vendió 195 cuadros, además de pintar numerosos retratos. Los encargos se le acumulaban. Todos querían ser retratados por él. Magnates como Ralph Elmer Clarkson, damas de la alta sociedad (Frances Tracy Morgan, Mary Lillian Duke, Juliana Arnour Ferguson), pintores (Louis Comfort Tiffany), directores de museos (Charles M. Kurtz, que murió cinco días después de pintar su retrato)... hacían cola en su agenda. Ni el presidente de Estados Unidos, William Howard Taft, pudo resistirse a sus encantos. Le invitó a la Casa Blanca, donde posó para el pintor español, que cobró por el retrato 3.000 dólares.

Ídolo de masas

La sorollamanía invadió la Gran Manzana. «He oído decir a muchos artistas que ni siquiera Sargent podría igualar a Sorolla», escribió un célebre crítico de arte. Enloquecieron con sus paisajes mediterráneos y sus jardines andaluces. Se enamoraron perdidamente de sus escenas marítimas, de sus niños jugando en la playa. Incluso cuadros duros, de tema social, como «¡Otra Margarita!» y «¡Triste herencia!», obras maestras premiadas en Europa, fueron adquiridas por coleccionistas norteamericanos. Prueba de su inmenso éxito fue que comenzaron a falsificar sus obras. Y cuando falsifican el trabajo de un pintor es señal inequívoca de que se ha consagrado. «Hoy hay registradas más de mil falsificaciones del pintor», dice Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista y gran especialista en su obra. Es la comisaria de esta gran exposición, «Sorolla y Estados Unidos», que lleva detrás un exhaustivo trabajo científico de investigación y catalogación de dos años.

Producida por la Fundación Mapfre, el Meadows Museum de Dallas y el San Diego Museum of Art, ya se ha visto en las dos últimas sedes y ahora recala, del 26 de septiembre al 11 de enero, en Madrid. Se exhiben 150 obras, muchas de ellas -explica la comisaria- inéditas o apenas vistas en España. Es el caso de cuatro estudios de gran tamaño del célebre lienzo «Corriendo por la playa» (Museo de Bellas Artes de Asturias), que salieron a la luz en unas cajas en el Museo de Brooklyn y se acaban de catalogar. Ha habido otros hallazgos, como un cuadro de Toledo (Ohio), que no han querido prestar. ¿Qué aportó Norteamérica a la pintura de Sorolla? «Tranquilidad, seguridad... Tras su paso por Estados Unidos trabaja con mayor libertad», advierte Blanca Pons-Sorolla.

Sus dos grandes mecenas

En el eje central de la muestra, sus dos grandes mecenas norteamericanos. Por un lado, Archer Milton Huntington, fundador en 1904 de la Hispanic Society of America (institución creada para promover la cultura española). Fue su mayor mecenas, quien le introdujo en Estados Unidos, tras quedar deslumbrado por su obra en Londres en 1908. La Hispanic atesoró 159 Sorollas. El principal encargo, 14 enormes paneles para decorar la biblioteca de la institución bajo el título «Visión de España». No es de extrañar que en una carta le dijera Sorolla a su esposa: «Creo que he encontrado a Dios hombre» (refiriéndose a Huntington). El segundo gran mecenas fue Thomas Fortune Ryan, millonario hombre de negocios, que adquirió hasta 26 obras de Sorolla y le hizo importantes encargos, como «Cristóbal Colón saliendo del puerto de Palos» (se exhibe en la Mapfre por vez primera junto a los nueves estudios al óleo que hizo el artista) y «Baile en el Café Novedades de Sevilla», también presente en la exposición y muy pocas veces visto.

En 1911Sorolla -que se autorretrató dos años antes, paleta en mano y luciendo orgulloso un sombrero que compró en Estados Unidos, en un cuadro también expuesto- regresa a este país, acompañado solo por su esposa, para exponer en Chicago y San Luis. Durante este segundo viaje realiza en una estancia en Nueva York 15 gouaches con vistas de la ciudad tomadas desde su habitación del hotel Savoy, donde se hospedaba. Cuelgan, por primera vez juntos, en una de las salas de la exposición. Se creía que fueron realizados en 1909, pero se han datado en 1911. Los pintó sobre los cartones que se usaban en la lavandería de los hoteles para doblar las camisas de etiqueta. En otra sala admiramos los dibujos a lápiz que hacía Sorolla en el reverso de los menús en los restaurantes de los hoteles: el Blackstone de Chicago y el Savoy de Nueva York. Retrataba, mientras comía, a los clientes. Se muestran por primera vez 24 de los 138 que atesora el Museo Sorolla.

23/09/2014 21:42 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La BODA DE LUIS ALONSO

21/09/2014 22:15 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris