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1919-2019. Pasado y presente del Metro de Madrid

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Es primera hora de la tarde, las 15.40, cuando arranca el tren en la estación de Cuatro Caminos. En aquel 17 de octubre de 1919, con el estreno de la primera línea de ferrocarril eléctrico subterráneo, Madrid se sube a un modo de transporte que ya había demostrado su eficacia en otras grandes urbes como Londres, París, Berlín o Nueva York.

El viaje inaugural transporta a una comitiva encabezada por el rey Alfonso XIII y tiene como destino la Puerta del Sol (cuatro kilómetros). Sin embargo, la apertura al público no se produce hasta el 31 de octubre, y la expectación es tal que se forman largas colas que obligan a habilitar durante unos días sólo las estaciones de Sol y Cuatro Caminos hasta que los madrileños se acostumbrasen al nuevo medio de transporte.

Madrid es en 1919 una ciudad de más de 600.000 habitantes que no para de crecer. El casco urbano carece de grandes arterias (la Gran Vía sólo está abierta entre Alcalá y Montera) y la Puerta del Sol, ya ampliada en 1862, se encuentra abarrotada. Allí se centraliza una red de lentos tranvías que hacen lo que pueden con trayectos repletos de curvas violentas y calles estrechas y empinadas. La burguesía se acomoda a las afueras, en los barrios de los ensanches, mientras que las clases trabajadoras nutren los barrios periféricos ubicados más allá. En este contexto, el ingeniero Miguel Otamendi proyecta un ferrocarril subterráneo que comunique la Puerta del Sol con el núcleo de Cuatro Caminos, que en el momento lo componen un puñado de calles a medio camino entre un Chamberí aún semivacío y Tetuán de las Victorias. Su objetivo es dotar a la ciudad de un modo de transporte rápido, económico y regular.

Las obras del primer tramo de la línea norte-sur comienzan el 17 de julio de 1917 y se conviene una duración de dos años y tres meses. «Hacer un túnel de Cuatro Caminos a Sol ayudados por picos y palas y animales para cargar todo el material que se iba sacando no tuvo que ser nada fácil», precisa Javier Otamendi, sobrinonieto del creador del Metro y que ha trabajado en el suburbano desde 1972 a la actualidad.

El crecimiento fue rápido. En 1923 la primera línea ya se ha extendido hasta el Puente de Vallecas y un año después se inaugura la segunda línea, que une la Puerta del Sol con los nuevos barrios de Salamanca y Ventas.

Desde entonces, la evolución es conocida por todos. Los tentáculos de la red se han multiplicado en estos 100 años de vida hasta alcanzar los 289 kilómetros (metro ligero aparte), longitud similar a la distancia entre Madrid y Cáceres. El metro llega hoy a 12 municipios y absorbe más del 40% de la demanda de transporte público de la Comunidad de Madrid, con 657 millones de viajeros en 2018. «Con sus casi 300 kilómetros ponerlo en marcha todos los días supone un gran esfuerzo para los miles de trabajadores que han trabajado allí. El mérito es suyo, de ser los artífices de que no haya dejado de funcionar ni un día en estos cien años», precisa Otamendi.

A pesar de los años, Sol (líneas 1, 2, 3 y Cercanías) se mantiene como la estación más concurrida de toda la red, con casi 71 millones de utilizaciones el año pasado. Las estaciones más alejadas del centro de Madrid tienden a registrar las cifras más bajas de viajeros. Hospital del Henares, ubicada en Coslada y cabecera de la línea 7, es la menos frecuentada de toda la red, con sólo 405.334 pasajeros en 2017.

LA EVOLUCIÓN DEL PARQUE MÓVIL

Los primeros coches que entran en circulación en 1919 son los llamados Cuatro Caminos, construidos en Zaragoza por Carde y Escoriaza (actualmente absorbida por CAF). Estos trenes se mantuvieron en circulación durante 70 años, aunque fueron reformados a finales de los años 50 y principios de los 60. Hasta 1945 se introducen hasta seis modelos más de coches clásicos, todos ellos de gálibo estrecho, que es el instalado en las líneas más antiguas (1, 2, 3, 4, 5 y Ramal).

En 1984 se introducen los coches 2.000, los primeros llamados a reemplazar a los coches clásicos. Estos vehículos aún pueden verse en las líneas 1 y 5, aunque antes circularon por todas las líneas de gálibo estrecho, incluidas la 8 antigua (Fuencarral-Avenida de América), la 10 antes de su remodelación o la 11 en sus primeros años. En 2006 se llevaría a cabo otro relevo en las líneas 2, 3, 4 y Ramal con la adquisición de los coches 3.000.

En 1974 se inaugura el primer tramo de la línea 7 (Avenida de América-Las Musas), la primera de la red con gálibo ancho, que permite interiores más amplios y confortables. Para ella se adquieren los primeros coches 5.000, modelo que aún puede verse en las líneas 6 y 9 (ejemplares de 1982 en adelante). A partir de 2002 se introducen paulatinamente los modelos 7.000, 8.000 y 9.000 para dar servicio a las líneas 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12.

16/10/2019 09:31 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Historia de España

06/10/2019 20:29 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

“Fuimos los primeros”: la gesta de Magallanes y Elcano que cambió el mundo

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Desde el título de la exposición los comisarios tenían claro la idea que querían transmitir: la de una hazaña de altura, como ayer comentaron durante la presentación que reivindica a los protagonistas de la gesta, encabezados por Magallanes y Elcano, los dos marinos que hicieron historia, sin olvidar a los marinos que embarcaron. Del portugués a quien desoyeron en un país cuando expuso su deseo de viajar a las islas Molucas, en alguna ocasión incluso arrastrando literalmente a sus hombres, un líder capaz de contagiar su entusiasmo, al navegante Elcano, a quienes los marinos eligen para poner fin a la vuelta al mundo, un hombre que fue capaz de convertir una expedición comercial en una gesta y, al tiempo, dar por primera vez la vuelta al mundo. El viaje se inició el 10 de agosto de 1519 en Sevilla y zarparon de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre, una vez incorporada la tripulación y con todo el equipamiento y provisiones cargado. El 8 de septiembre la nao Victoria llegó a Sevilla. Había concluido la vuelta al mundo. La primera.

La muestra parte de cómo se fraguó el viaje, cómo se desarrolló el mismo, se detiene en la muerte de Magallanes, en la toma del mando por Elcano y acaba en Sevilla, a donde llegó solamente una de las cinco naves, la Victoria (a la que se destaca en la muestra, con una reproducción a gran escala en la que se puede ver cómo era la embarcación en su interior y dónde alojaba el cargamento que llevaba, desde todo tipo de víveres hasta una vaca viva para poder abastecerse de leche fresca), con 18 hombres de los cerca de 250 que habían embarcado. Las otra cuatro Trinidad, San Antonio, Concepción y Santiago) se quedaron por el camino en un viaje hacia lo desconocido en el que los tripulantes fueron capaces de enfrentarse a peligros y situaciones que habían sido impensables hasta el momento.

Una hazaña, mirada con los ojos de hoy, que cambió la manera de cartografiar, pues el mundo ya no volvería ser el mismo. “Hemos tratado de mantener viva la memoria de dos marinos y de sus hazañas en la Historia”, señaló el almirante Juan Rodríguez Garat, director del museo y uno de los artífices de esta muestra junto con los comisarios Enrique Martínez Ruiz, Susana García Ramírez y José María Moreno Martín.

Entre las 89 piezas que se exhiben, algunas de ellas verdaderos tesoros, como el primer mapa que se dibujó tras la circunnavegación y que demostraba que el mundo ya no era el mismo, hasta un curioso busto de Carlos I joven, pasando por los instrumentos de navegación de la época, como el compás de mano, el cuadrante, el escandallo, la ampolleta y el astrolabio. Se muestra también el impresionante cuadro de Salaverría, tantas veces reproducido, que pinta el fin de la vuelta, con los marinos bajando de la Victoria con Elcano al frente, un puñado de hombres que en Sevilla vieron como una alucinación fantasmagórica, pues nadie los esperaba. “Después de miles de leguas viajadas nos miraron como a fantasmas”, dice la voz del marino vasco en el vídeo que se proyecta en la carpa geodésica que se ha habilitado en el Museo Naval y que narra cómo fue la travesía.

Son 1.100 metros cuadrados que recogen las piezas que proceden de 23 instituciones tanto españolas como extranjeras. La puesta en escena es también importante, pues los colores van dando medida de lo que supuso el viaje, incluso con un guiño al rojo y al amarillo, colores de la enseña.

19/09/2019 13:51 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"Lujo. De los asirios a Alejandro Magno"

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La vida de lujo de hace tres mil años se parece mucho a la de hoy, sigue siendo fuente de placer y afirmación de estatus y, como se puede ver en una nueva exposición del Caixaforum de Madrid, comparte objetos como elaboradas vajillas, exóticos perfumes y delicadas joyas.

En total son 217 piezas procedentes de las colecciones del British Museum, que conforman "Lujo. De los asirios a Alejandro Magno", una muestra que recala en Caixaforum Madrid desde mañana y hasta el 12 de enero de 2020, y que muestra los objetos más deseados y excepcionales de asirios, fenicios, babilonios y aqueménidas.

"Entonces, como ahora, un objeto de lujo era extravagante, altamente deseado y difícil de conseguir. En aquel tiempo la opulencia buscaba el poder económico, pero también político", explicaba hoy Alexandra Fletcher, comisaria de la exposición y conservadora del British Museum, durante su presentación.

La exposición, que recorre los años del 900 al 300 a.d.C. rastrea los orígenes del lujo entre las principales civilizaciones de Oriente Medio que comenzó con el surgimiento del Imperio Asirio y culminó con hasta la conquista de Alejandro Magno.

El florecimiento de estas civilizaciones, y todo el comercio ligado al lujo con rutas comerciales que se prolongaban desde India hasta España, llegó tras siglos de oscurantismo y cuando la estabilidad política "consiguió que el comercio renaciera y se establecieran rutas de comercio", detalla la experta.

Entre las piezas excepcionales que se pueden ver se encuentra la figura de un pez, meticulosamente labrada a partir de una lamina de oro, que se usaba como frasco para aceites perfumados. "Se pueden ver todas y cada una de las escamas", explicaba Fletcher, que considera este como el objeto fundamental de la muestra.

El espectador también puede ver piezas únicas como un huevo de avestruz labrado y usado como recipiente, encontrado en la tumba de Isis, o una gran concha laboriosamente cincelada, que se usaba para cosmética.

Hay también joyas, que podrían ser de ahora, varios collares y pendientes y adornos, no solo de mujeres, también para guerreros, como una primorosa figura de la cabeza de un ave de oro, destinada para ser prendida en una funda de arco y fechas. Y es que, entonces como ahora, el uso de objetos no solo tenía función de adorno sino que daba muestra de estatus social y el uso de poder.

Entre las piezas que han venido desde Londres para la exposición, se encuentran algunas procedentes del tesoro de Oxus, el tesoro mejor conocido de objetos de oro y plata de la antigua Persia.

La exposición recorre las estrategias para hacerse con estos objetos preciados como el pillajes, en la guerra; la importancia de los fenicio en el sector, que se establecieron como comerciantes en la zona, o los lujos personales de la clase alta, con cosméticos y primorosas botellas de perfume, hechas con materiales como vidrio o piedras preciosas.

A parte de objetos personales, la muestra intenta dar una idea al visitante del lujo de las estancias de los palacios de estas civilizaciones y los jardines que los rodeaban, habitualmente asociados a la abundancia, la fertilidad y la santidad.

Entre los objetos expuestos, se encuentran elementos de decoraciones de estancias interiores y lápidas esculpidas que traen a nuestros días exóticos jardines de la época. Es el caso del relieve del palacio Norte de Nínive (Irak), que está bellamente coloreado con una técnica de luz para la exposición.

Igual que ahora, el mobiliario, ropa y estilos decorativos de lujo tenían su propio mercado de imitaciones y falsificaciones. Así los suntuosos platos de oro que se ven en la exposición, aparecen también replicados con materiales más baratos, con el fin de que abastecer a un mercado más amplio y que no se podía permitir una vida de lujo.

19/09/2019 13:50 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Boldini: el discreto encanto de las cosas bellas

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Una mezcla imbatible de virtuosismo, mezclado con su éxito entre la alta sociedad de la época, valen a Giovanni Boldini (Ferrara 1842 - París 1931) el sobrenombre del «Paganini de la pintura». Ahora la Fundación Mapfre organiza por primera vez en España una exposición monográfica que dará a conocer la obra de este brillante retratista de bellezas y dandis, uno de los pintores más influyentes del París de los artistas al final del siglo XIX.

Es la época y el sabor proustiano de un tiempo perdido, de la seducción del esplendor que avanza lentamente hacia su fin, lo que surge de los pinceles de Boldini y puede contemplarse en la muestra, que han comisariado Francesca Dini y Leyre Bozal. La primera es una reconocida especialista en el pintor italiano, autora de su catálogo razonado, y la segunda ha logrado que la exposición refleje el influjo de Boldini en los pintores españoles que acudieron a París -un influjo mutuo, en todo caso- como Fortuny, Madrazo, Zamacois, y también inter(re)ferencias con autores como Sorolla, Ramón Casas, Román Ribera y otros, tal vez menos claras. Todos ellos tienen presencia entre las 120 obras que integran la muestra, que estará abierta hasta el 12 de enero de 2020.

 

Boldini viene de Florencia, donde ya da muestras de un estilo que siempre interroga con un toque psicológico a sus modelos, rodeado de una gestualidad bastante temperamental, como se ve en el retrato de Mery Donegany, en el que están definidas las bases de su personalidad pictórica y su preciosismo. También se intuye el catálogo de poses que dominarán los retratos, en el cuadro de un paje con lebrel o en el mismo autorretrato del pintor mirando un cuadro. Y hay otras influencias, entre ellas una cierta mirada a la pintura áulica del XVII, como demuestra el retrato de un viejo y desdeñoso general español.

 

Pero sus manos aprenden rápidamente, las pinceladas se sueltan y cuando llega al París de la III República, en 1871, ya tiene un marcado peso en su obra la pintura de moda: cuadros de pequeño formato que desatan una fiebre entre las familias poderosas.

Mientras el impresionismo llega a Montmartre, Boldini se esfuerza en representar la alegría de vivir del gran mundo, aunque también será perceptible, y creciente con los años, el perfume de la decadencia.

Condesas de mirada perdida y elegantes vestidos, señoras lánguidas de generosos escotes en salones suntuosos, siempre con poses efectistas o ficticias (impagable la «Pareja en traje español -él disfrazado de torero, ella de bailaora con guitarra y todo- con papagayos») como si fueran remedos burgueses de las alegorías de Lady Hamilton, se codean con las bellezas de la época como la bailarina y musa Cléo de Mérode. Si fueran fotos de móviles, esto sería el «top ten» del Instagram de los alrededores del Folies Bergère, al que dedicará algún cuadro.

Es seguramente en esta época en la que Boldini se gana a pulso esa fama de superficialidad que la crítica y sobre todo el mercado tratan de limpiarle en los últimos años con resultados más que llamativos en subastas y exposiciones que han puesto de moda al pintor en todo el mundo. No en vano es un artista cuya obra está casi en su totalidad en manos de coleccionistas privados.

Boldini: retrato de James Abbot McNeill WhistlerBoldini: retrato de James Abbot McNeill Whistler

A finales de los años 70 del XIX, Boldini ya abjura del retrato de moda. Busca nuevos caminos y aquí la muestra cobra más interés y enseña otros caminos, con paisajes y escenas de las calles, como la «Plaza Clichy».

Los cruces de caminos con Madrazo y Fortuny son parte del mapa de su ciudad pictórica. Del mismo Fortuny se muestra una obra singular: la «Playa de Portici», de 1874, un cuadro tardío que da una idea de los logros que el pintor habría sido capaz de realizar si no hubiera muerto poco después.

Los retratos aumentan de tamaño y muestran un creciente dominio técnico. Sirven de ejemplo los de Concha de Ossa, la condesa de Vitta o mujeres anónimas como la «Dama rubia en traje de noche». Y en obras de menor formato, series de desnudos en posturas imposibles que subrayan los encantos del cuerpo femenino desde la mirada del pintor voyeur.

«Playa de Portici», de Mariano Fortuny«Playa de Portici», de Mariano Fortuny

Al tiempo, en esta etapa abre nuevas vías expermimentales, como las «Parejas danzantes» o los «Pensamientos», en las que depura colores y formas en invocaciones casi abstractas. Sin embargo, Boldini sigue fiel al retrato, su gran género, en el que alcanza todos los virtuosismos, como muestra el dedicado a James Abbot McNeill Whistler, en 1897, dotado de una enorme expresividad. El dandi cosmopolita aparece con un toque de indolencia, sentado en una silla Luis XIV, («pero con swing», añade la comisaria) y refleja todo el encanto y la decadencia de un mundo que se agota, veloz, en el camino a la Primera Guerra Mundial. Y tal vez la obra cumbre de la muestra sea el retrato de Cléo de Mérode, que propició hipérboles de la crítica difícilmente justificables, cuando lo calificaron de Gioconda del XIX.

La exposición será un éxito porque vuelve los ojos a todo el encanto discreto de las cosas bellas, en una sociedad llena de urgencias e incertidumbres, algo fin de época, como la nuestra.

 

17/09/2019 13:54 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

50 AÑOS EN LA LUNA

07/07/2019 19:24 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El Museo del Prado reúne a Velázquez, Rembrandt y Vermeer

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Persiste el mito de una rivalidad que no existía. Alrededor de los artistas españoles y holandeses del siglo XVI y XVII quedó fijado un falso lema de proezas patrias: aquel que distinguió a los creadores por naciones, que ondeaba el prestigio de la identidad territorial, que los ponía a competir en el paisaje de la pintura europea. El siglo XIX forjó la ortopedia. Los primeros compases del XX, tan hipernacionalistas, la sustentaron creando un check point estético en favor de los terruños. Pero la realidad es otra. Menos monolítica, más dúctil.

Muchos de esos artistas trabajaron en una misma dirección, sin saberlo. Impulsados por intereses comunes que iban de Italia a Flandes, de Francia a España. Y generaron, sin buscarlo, una armonía compartida. Lo dijo bien Ortega y Gasset: "La unidad de la pintura en occidente es uno de los grandes hechos que hacen manifiesta la unidad de la cultura europea". Y en ese frente malversado pone ahora el foco el Museo del Prado con la exposición Miradas afines, patrocinada por la Fundación Axa, abierta hasta el 29 de septiembre y de la que es comisario Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca y Escuelas del Norte de la pinacoteca.

Entre los convocados: Velázquez, Rembrandt, Vermeer, El Greco, Antonio Moro, Zurbarán, Murillo, Frans Hals, Ribera y Juan van der Hamen, entre otros. Todos ellos desarrollaron motivos comunes en sus trabajos, manejaron técnicas compartidas, y en los talleres accedían a los mismos libros, como el de Giorgio Vasari: Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos. Eso rompía las distancias. El Renacimiento impulsó en todos un entusiasmo inédito por la antigüedad. Y desde ahí, unos y otros concretaron sus voces en una misma dirección.

El retrato, las ficciones realistas, el bodegón, el paisaje o las escenas mitológicas empezaron a ocupar buena parte del interés de los pintores. No hubo un trasvase exacto, sino una complicidad espontánea que conformó una manera de ver el mundo, de representarlo, de fijarlo. "Ni Velázquez, ni Vermeer, ni otros pintores de la época expresan en su arte el carácter de sus naciones, como se ha afirmado frecuentemente, sino unos ideales estéticos que compartían con otros muchos artistas del continente. No queremos afirmar que no existen diferencias, lo que queremos decir es que no hay tantas", explica el comisario.

La exposición, que reúne 82 piezas y se verá de otro modo en el Rijksmuseum de Ámsterdam, es una apología de la pluralidad, en favor de la contaminación artística más allá de símbolos patrios y contra esa "chifladura de exaltados", como escribió Unamuno, "echados a perder por indigestiones de mala Historia". En esa misma senda hace surco Miguel Falomir, director del Prado. "La realidad artística de Flandes y España no es la del conflicto entre protestantes y católicos, hay mucho más. Y es todo aquello que conforma el nudo de la cultura. Por eso defendemos esta exposición como un convincente y encendido alegato en favor de la cultura europea".

Obras de 'Miradas afines' que se exhibe en el Museo del Prado.ALBERTO DILOLLI

Muchos de los artistas no se conocían entre ellos, pero existen concomitancias claras que en esta muestra se hacen sitio. La información fluía por Europa y, de algún modo, calaba en los talleres. Esto es fácil de advertir en el encuentro del delicado paisaje de Velázquez, Vista del jardín de la Villa Medici en Roma (1630) junto a Vista de casas en Delft (La callejuela) (1658). El maridaje es sorprendente. Y así sucede, además, con muchas otras de las piezas escogidas, como el Demócrito de Hendrick ter Brugghen (1628) y el de José Ribera (1630). O como el Menipo (1638) de Velázquez y el Autorretrato como el apóstol San Pablo de Rembrandt (1661). Todo encaja. Y consolida una forma de entender Europa.

Al frente de las admiraciones de unos y otros estaba la pintura italiana renacentista, que exhibía un desarrollo insólito. Tiziano estaba considerado il miglior fabbro. El arte también viajaba. El mecenazgo empezaba a tener presencia en la sociedad civil y eso provocó la dispersión de obras por Europa. Así es fácil detectar cómo los modelos se repetían. Por ejemplo, los pintores españoles y holandeses del siglo XVII también compartieron su afán por humanizar los asuntos que pintaron. Los dioses, santos o sabios antiguos que aparecen en sus obras son personas de rasgos comunes, que visten ropajes humildes y habitan espacios de aspecto cotidiano.

Pero una ausencia marca también la exposición: La rendición de Breda, de Velázquez. En su lugar, un mapa del sitio de Breda. "No se trata de una muestra sobre Historia ni sobre las relaciones entre Países Bajos y España. Por eso prescindimos de esa tela. No hay que buscar más allá", dice Falomir.

El cuadro de Velázquez desarrolla, sin vanagloria ni sangre, el tema de la guerra de Flandes para independizarse de España. Justino de Nassau (hijo de Guillermo de Orange), defensor de Breda, aparece con las llaves de la ciudad en la mano y hace ademán de arrodillarse, lo cual es impedido por su contrincante, que pone una mano sobre su hombro y le impide humillarse.

En este sentido, es una ruptura con la tradicional representación del héroe militar, que solía representarse erguido sobre el derrotado, humillándolo. Igualmente se aleja del hieratismo que dominaba los cuadros de batallas. Un cuadro significativo que no tiene sitio, además, "porque rompería el espacio de la exposición", apunta Falomir.

Aun así, el conjunto despliega un relato deslumbrante donde la pintura se aúpa como principal costura entre dos países que están en un momento de mutación, de expansión y de contracción. Que son más eje de Europa que nunca. De ahí que el uso del arte como estandarte sea también una seña de identidad. "Una pintura con bandera tiene algo de mística y el sentimiento de pertenecer a una tribu es grande", explica Alejandro Vergara. "No se suelen colgar cuadros de distintos lugares juntos, pero ahora el mensaje es que se puede ser escéptico al mito".

Esta es una de las exposiciones más ambiciosas de la actual temporada del Prado, en pleno rendimiento por los actos del bicentenario, lo que según el director de la pinacoteca hace pertinente reflexionar sobre la sostenibilidad del espacio expositivo y el flujo de visitantes que pueden asimilar los museos. Entre 20 y 30 minutos podrá disfrutar la muestra cada visitante. "No es una medida excepcional ni restrictiva, son las pautas que se toman para evitar grandes aglomeraciones", dice Falomir.

Poco tiempo para una propuesta tan ambiciosa, en la que están las claves de todo aquello que une a algunos de los maestros de la pintura española y holandesa. La mejor escudería del arte del siglo XVII, con Italia al frente. Con el siglo a cuestas. Con el corsé del nacionalismo invalidado.

24/06/2019 15:40 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

FELIZ VERANO

16/06/2019 18:55 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El frontón Beti Jai reabre sus puertas por un día cien años después

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Durante más de cien años, el histórico frontón Beti Jai, un edificio único mezcla de estilo ecléctico y neomudéjar, ha permanecido oculto para los madrileños. Hasta este jueves. El inmueble, obra del arquitecto Joaquín Rucoba, se inauguró en 1894, cuando la pelota vasca era muy popular en Madrid (llegó a haber hasta 18 frontones), y estuvo en uso hasta 1918. Desde entonces ha servido como taller de coches, comisaría de policía, almacén y hasta cárcel. Después fue abandonado y su preciosa arquitectura se fue degradando entre críticas de vecinos y defensores del patrimonio.

 Partido de pelota a finales del siglo XIX en el frontón Beti Jai.

En 2015 el Ayuntamiento de Madrid lo expropió por casi 31 millones de euros y, al año siguiente, invirtió 4,9 millones de euros para consolidar la estructura y restaurarlo. Las obras acabaron el pasado mes de abril. “Se ha hecho primero la consolidación de las estructuras y luego se han recuperado las escaleras, las gradas... La restauración ha quedado muy elegante y fiel”, explica Carmen Rojas, coordinadora general del Área de Cultura y Deportes, departamento que gestionará el espacio. La responsable municipal admite que la presión de asociaciones como Madrid, Ciudadanía y Patrimonio y la plataforma Salvemos el Beti Jai ha influido para que la Administración no se olvide de este frontón único.

 El estado ruinoso en el que se encontraba el Beti Jai en 2006. Gorka Lejarcegi

“No hay un edificio igual. Es único. Se construyó cuando el regionalismo arquitectónico estaba de moda y tiene una sutil crujía construida en forma de pala, como esa cesta del juego de pelota, que genera un vacío muy original con el frente de la calle Marqués de Riscal [cerca de la zona de Rubén Darío]”, señala Rojas, que destaca que los materiales son exquisitos: barandillas de forja, columnas de fundición, vigas curvadas en el graderío, crestería, ladrillos... “Nos hablan de una época que ya no existe”, añade. El inmueble es bien de interés cultural (la máxima protección regional) desde 2011.

 Fachada del Beti Jai, de estilo neomudéjar. KIKE PARA

El Consistorio ha organizado este jueves una jornada de puertas abiertas para mostrar este patrimonio oculto que ha cumplido 125 años y cientos de madrileños han podido visitarlo. "Ha habido una respuesta muy positiva. Casi todos los ciudadanos que se han acercado se han sorprendido de la grandeza del lugar, han hecho fotos y han salido con una sonrisa en la cara", explica Rojas, que es arquitecta de formación.

 En el interior del Beti Jai sorprende una fachada curva con columnas de fundición y vigas curvadas. KIKE PARA

El nuevo Gobierno municipal tendrá que hacer un proyecto para aprovechar las instalaciones, que tienen un uso deportivo y podrían acoger también actividades culturales. Antes será necesario adaptar el edificio para que tenga servicios y una accesibilidad universal, como exige la normativa. "Se podría hacer por ejemplo una escuela de pelota para jóvenes y combinarlo con conciertos y eventos", propone Rojas.

Sea cual sea el futuro de Beti Jai (que significa "siempre fiesta", en euskera), esperemos que no haya que esperar otros cien años para poder traspasar sus puertas.

16/06/2019 18:54 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Veranos de la Villa

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Manuela Carmena se despidió ayer de su particular manera de entender la Cultura en Madrid. La alcaldesa presentó sus últimos Veranos de la Villa tras cuatro años que han cambiado la forma y el fondo de la cita cultural por antonomasia del periodo estival. Descentralizadas, como una de sus señas de identidad, las propuestas de este icónico festival sustituyeron hace cuatro años las listas de nombres estelares que llenaban los Jardines de Sabatini por la «diversidad de prácticas y manifestaciones artísticas y creativas» que copan ahora los distritos. Este año, serán 41 citas en 35 espacios al servicio de la música, la danza, el teatro, el circo, la zarzuela, el cabaré o la moda. Un «compendio explosivo», en palabras de su directora artística, Maral Kekejian, que arrancará el 28 de junio y se extenderá hasta el 1 de septiembre.

El Ayuntamiento ha programado cinco citas por semana. El 90% de ellas serán de acceso libre y las de pago tendrán un precio máximo de 15 euros. Aunque «abrirá sus puertas» con un encuentro entre la arquitectura y las artes –«Un verano entero», comisariado por el colectivo Bwelke– en el parque de la Cuña Verde, el festival arrancará con música el sábado 29 de junio. Lo hará con «Las edades del flamenco», un espectáculo al aire libre en el Parque de las Cruces que reunirá a varias generaciones de cantaores, guitarristas y bailaores de todas las edades. Desde Manuel de la Tomasa, el más jóven con 18 años, a clásicos como Pepe Habichuela o Carrete de Málaga, que no sabe exactamente cuándo nació –se calcula que ronda los 80 años–.

Música en los parques

El duende será uno de los puntos fuertes de esta cita cultural que llevará, también a un parque –el Lineal del Manzanares, el 10 de julio–, a Arcángel para rendir un homenaje a los grandes iconos del género. Israel Fernández, que ayer ofreció su voz «a cappella» para presentar la programación, estará junto con el guitarrista Diego del Morao en la Cuña Verde de O’Donnell –el 19 de julio, a las 21 horas–.

El cantaor Israel Fernández durante la presentación de los Veranos de la VillaEl cantaor Israel Fernández durante la presentación de los Veranos de la Villa - Ayuntamiento

Las voces internacionales, y especialmente las femeninas, cobrarán protagonismo en cuatro citas. La fadista Katia Guerreiro elevará su arte al parque Lineal del Manzanares –el 30 de junio, a las 21.30–. La cantautora Joan Wasser, conocida como Joan as Police Woman, hará escala en Madrid dentro de su gira por Europa con un concierto en el Parque Juan Carlos I –el 10 de agosto, a las 21 horas– en el que presentará su último disco, Joanthology. Un día después, la cantautora californiana Kadhja Bonet estará en el Auditorio del Parque de Berlín con su mestizaje entre el pop y la tradición folk norteamericana. A cubierto, el Centro Cultural Galileo presentará a la soprano italiana Roberta Invernizzi –el 3 de julio, a las 21.30 horas–, especialista en canto barroco, para rendir tributo a las compositoras olvidadas del siglo XVII.

Xoel LópezXoel López- Ángel de Antonio

La luna y el futuro de la exploración espacial serán el hilo conductor de una de las actividades más peculiares de esta edición: «Pisar la luna». El auditorio del parque Enrique Tierno Galván acogerá la noche del 20 de julio –coincidiendo con el 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna– una cita en la que el mundo de la astronomía –incluido el cosmonauta ruso, Alexandr Ivanovich Lazutkin– y el de la música –con Xoel López como artista– se unirán en una velada en la que se explorará el «mito lunar».

La moda también tendrá cabida en estos Veranos de la Villa con María Ke Fisherman, que presentará su colección de primavera-verano 2020 sobre el Puente de Toledo –el 8 de julio, a las 22.30–. Debajo del viaducto de Segovia tendrá lugar –el 17 de julio, a las 20.30– una noche de rock progresivo con Cheeto’s Magazine o Pony Bravo, entre otros grupos.

La música indie tendrá su representación en la banda Low el 27 de agosto, en la Quinta de Torre Arias. Tony Allen & Jeff Mills pondrán el ritmo a la plaza de Matadero el 7 de agosto. La Quinta de los Molinos acogerá una nueva edición de «Algo inesperado», un concierto sorpresa que el año pasado subió al escenario a Vetusta Morla.

Consulta toda la programación de los Veranos de la Villa en https://veranosdelavilla.madrid.es/es/programa

16/06/2019 18:52 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Fra Angelico en El Prado

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Florencia, 1817. Un joven Carlos Miguel Fitz-James Stuart (1794-1835), XIV Duque de Alba y VII Duque de Berwick, adquiere dos obras de Fra Angelico: 'La Madonna de la Granada' (h. 1426) y 'El funeral de San Antonio Abad' y las traslada a España.

Como una feliz casualidad del destino, empujada por una enorme generosidad de su descendiente en la actualidad, Carlos Fitz-James Stuart, XIX Duque de Alba, en enero de 2016 acuerda la entrega de estas dos obras para su ingreso en la colección del Museo del Prado.

Desde ahora y hasta septiembre, el Museo Nacional del Prado, como parte de la celebración de su bicentenario, presenta la exposición 'Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia', que gravita alrededor de dos obras consideradas fundamentales en la eclosión como maestro de la pintura de Fra Angelico: 'La Anunciación' y 'La Madonna de la Granada'. Ni en el mejor de los sueños nos imaginamos un final mejor.

El gran maestro fue pintor antes que fraile, literalmente... En 1417 aparece su primer contrato como artista en un taller de manuscritos. Se llamaba Guido di Pietro, hasta 1422 no profesa como dominico para tomar el nombre de Fra Giovanni da Fesole. El nombre de Fra Angelico aparece tras su muerte, en referencia a su profunda religiosidad. Ahora lo podríamos llamar Beato Angelico, pues el Papa Juan Pablo II lo beatificó en 1982.

Su ingreso en el convento como fraile no le impidió colaborar con otros artistas y mantener un gran taller que proveía de pinturas tanto a iglesias como a importantes mecenas de la ciudad y de fuera de ella. Desde 1950 hasta su muerte, de forma exclusiva para Cosme y Pedro de Medici.

Se formó como pintor en una Florencia en la que los encargos públicos conseguidos por Brunelleschi, Donatello y Guiberti hicieron florecer el trabajo artístico. Fra Angelico se entregó a los nuevos lenguajes y a través de sus pinceles realizó la gran aportación a los comienzos de la pintura renacentista: jugó un papel decisivo en el desarrollo de la pala quadrata (retablo cuadrado), la construcción perspectiva y la arquitectura moderna, tres grandes características que reunió en 'La Anunciación', su primera gran obra maestra.

Giorgio Vasari dijo de él: «Nunca levantó el pincel sin decir una oración, ni pintó el crucifijo sin que las lágrimas resbalaran sus mejillas». Podemos añadir que predicó a través de sus pinceles. Y, para la comprensión de los simples fieles, empleó colores vivos y preciosos ropajes, hizo traspasar los cuerpos a través de estos dando volumen a las figuras y describió con precisión una bellísima vegetación, haciéndonos vivir a través de sus obras el paraíso.

En 2019 podremos viajar o no a Florencia, pero en Madrid tendremos un pedazo de ella, del Renacimiento y de los Medici, en el Museo del Prado a través de 82 obras que abanderaron la vanguardia del resurgimiento cultural europeo.

16/06/2019 18:51 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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