Año Verdi
Amaneciendo en España
Año Verdi, La Fenice
Adios Manolo
CaixaForum acoge la muestra 'Japonismo'
CaixaForum Madrid acoge a partir de este jueves la exposición ’Japonismo. La fascinación por el arte japonés’, una muestra que podrá visitarse hasta el 16 de febrero del próximo año.
La exposición recoge la influencia del arte nipón a tres niveles: internacional, europeo y también en España, ha informado la Fundación ’La Caixa’ en una nota de prensa.
La fascinación europea por el arte y la cultura de Japón se remonta a la apertura de sus puertos durante la década de 1860 y la llegada de los primeros misioneros, durante el periodo ’namban’, hace ahora más de cuatrocientos años.
Se trata de un fenómeno que renovó el arte occidental de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, proporcionando nuevos temas, motivos, composiciones, técnicas, formatos y, en definitiva, una imaginación poética y una visión del arte que hicieron cambiar los gustos y revelaron un abanico inédito de ideas, formas y colores.
La colección reunida para el público por CaixaForum está compuesta por más de 180 obras procedentes de diferentes prestadores de orígenes dispares. Por este motivo, muchas de ellas son se muestran por primera vez al público.
En la exposición se pueden encontrar piezas de artistas como Fortuny, Picasso, Manet, Rusiñol, Toulouse-Lautrec, Miró o Nonell, entre otros; en un esfuerzo por descubrir un arte, una estética, una cultura y una visión del mundo aparentemente distantes pero que cautivaron a estos iconos de 1900.
La muestra de la Obra Social ’La Caixa’ es la primera que se organiza en nuestro país para abarcar el fenómeno internacional del japonismo y la fascinación europea por el arte y cultura niponas
Leer más:
http://obrasocial.lacaixa.es/nuestroscentros/caixaforummadrid/japonismo_es.html
CENTENARIO DE VERDI
Uno de los más vergonzosos episodios en la historia académica es el hecho de que el Conservatorio de Milán no consideró a Verdi apto para una carrera musical y lo que aprendió lo tuvo que hacer a través de clases privadas y de su esfuerzo personal. (Lo mismo había pasado con otros compositores como Schubert y Haydn, lo cual muestra lo curiosos que a veces son los conceptos de los académicos). Pero en Italia existía una fuerte tradición operática, que había llegado a un momento culminante con Rossini, Donizetti y Bellini. El primero consideró que no podía ponerse a la altura de la evolución de su arte y en la mitad póstuma de su vida no volvió a componer. Bellini murió trágicamente joven, de 34 años o sea uno menos de los que tenía Mozart al morir y la carrera de Donizetti terminó cuando se enloqueció. Cuando Verdi llegó a la escena la tradición existía pero en Italia no se veían muchos compositores que pudieran continuarla. Verdi entró con pasos vacilantes en el mundo operático y eso se reflejó en el poco éxito de Oberto, su primera ópera. A pesar de esto los empresarios le dieron otra oportunidad con una obra cómica, Un día de reino pero la tragedia cayó sobre Verdi cuando por ese entonces murieron su esposa y sus hijos en un lapso breve. Tener que componer una farsa en esas circunstancias no era fácil y eso se refleja en la obra, que tiene momentos interesantes pero a la que le falta ese espíritu que Verdi dio a sus obras posteriores.
Los años de esclavitud
Verdi decidió retirarse de la música y lo hubiera hecho si no hubiera sido por que su editor, que todavía confiaba en él, le convenció de que aceptara la creación de una obra nueva, Nabuco. La esclavitud de los hebreos en época bíblicas reflejaba la de los italianos bajo los yugos austriaco y francés y Verdi aceptó el encargo. El éxito de Nabuco fue tan absoluto que permitió al músico volver a la creación y comenzaron los éxitos, en que obra tras obra era un triunfo de público. Lo malo es que Verdi no estaba satisfecho y él llamó a esos tiempos los años de esclavitud en que componía por encargo pero con poca convicción. Solo la genialidad del músico permitió que esas no fueran obras mediocres pero tras de ellas comenzó la verdadera carrera de Verdi cuando compuso, una tras otra, tres obras maestras, El trovador, Rigoletto y La Traviata. A partir de ese momento comenzó la racha de triunfos de Verdi que afirmó su puesto entre los grandes de la música de todos los tiempos. Los años de esclavitud habían terminado.
Las obras finales
Verdi había rehecho su vida al lado de una cantante que lo apoyó hasta su muerte, Giuseppina Strepponi, una mujer inteligente y de gran carácter que supo dar al músico momentos de tranquilidad doméstica. Esto a pesar de que ella fuera rechazada por sus vecinos, que consideraban que era escandaloso que vivieran en pecado, como se decía en ese entonces, ya que solo mucho después los dos se casaron religiosamente. Verdi, muy dignamente, exigió respeto por su compañera pero la verdad es que vivieron aislados de la sociedad del pequeño pueblo donde vivían. Pero en el resto del mundo Verdi era respetado y podía poner sus condiciones a teatros y empresarios. Cuando el mandatario de Egipto le encargó la ópera Aida, para las ceremonias de inauguración del Canal de Suez, Verdi trató de igual a igual al monarca. En sus últimos años, Verdi se dedicó a dos obras maestras de toda la música, las óperas basadas en temas de Shakespeare, Otelo y Falstaff, la culminación de toda su creatividad, gracias a la colaboración de ese genio casi olvidado Arrigo Boito.
Un hombre del pueblo
Verdi se consideraba un hombre del pueblo y aunque era conciente de su valor artístico, sus conversaciones con los aldeanos vecino le daban casi tanto placer como codearse con la aristocracia. Era respetado por el mundo y sus compatriotas lo consideraban no solo un gran músico sino un excelso patriota. Cuando murió en 1901, todo Milán se volcó en una gigantesca manifestación de aprecio al gran artista y al gran hombre. Su valor se refleja en el hecho de que en este centenario, la estrella de Verdi es cada vez más fulgurante.
El Museo del Prado presenta la exposición Velázquez
Segunda mitad del siglo XVII. España padece una grave crisis económica (está al borde de la bancarrota) y otra, no menos importante, dinástica: Felipe IV se casa en segundas nupcias con su sobrina Mariana de Austria en 1649 (él tiene 49 años, ella aún no había cumplido los 15) y hasta 1657 no nacería un varón (Felipe Próspero, nombre que resultó muy poco visionario), garantizando así la tan ansiada sucesión. A ello hay que sumar que el país se hallaba en guerra con Francia, Gran Bretaña y Portugal. Demasiados frentes abiertos incluso para el Rey Planeta. Es ése el complejo entorno en el que un pintor sevillano logró convertirse en uno de los mayores genios de la Historia del Arte y el marco de la nueva exposición del Prado, que vuelve a rendirse a su hijo predilecto.
Velázquez y Felipe IV protagonizaron un tándem perfecto durante cuatro décadas. El primero, garantizándose el monopolio y el control casi absoluto (con la única excepción de Rubens) de la imagen real como pintor de Corte, logrando así la promoción y el ascenso social que siempre anheló. Llegó a ingresar en la exclusiva Orden de Santiago. Felipe IV fue el Monarca con mayor conocimiento en pintura. Tenía un irrefrenable furor coleccionista.
Arte y política
Pocas veces en la Historia, arte y política estuvieron tan próximos. Para solucionar conflictos diplomáticos y sellar nuevas alianzas, nada mejor que amañar los matrimonios de las pobres Infantas. A María Teresa, hija mayor de Felipe IV, quieren casarla con el archiduque Leopoldo Guillermo. Le hacen retratos y los envían a Viena. Pero los franceses, con su savoir faire, se adelantan y piden su retrato: Luis XIV gana la partida. Que Cristina de Suecia quiere acercarse a Felipe IV, pues le regala «Adán» y «Eva» de Durero.
Explica Javier Portús, comisario de la exposición, que el retrato «era el género que le permitía a Velázquez acceder más directamente a la intimidad de los poderosos y el que podía proporcionarle honores más rápidos y efectivos». Lo consiguió con Felipe IV y con Inocencio X. Pero mucho antes que él ya canjearon arte por honores Apeles al retratar a Alejandro Magno y Tiziano, que hizo lo propio con Carlos V y Felipe II.
Álbum de familia (real)
La exposición, patrocinada por la Fundación AXA y que el lunes inaugurarán la Reina Doña Sofía y el presidente austriaco, nos abre de par en par un álbum de familia (Felipe IV, su segunda esposa y sus hijos), a través de los retratos de Velázquez. En 1990 el Prado celebró una monográfica del artista -la mayor hasta la fecha-, que se convirtió en un hito y, según su director, Miguel Zugaza, supuso un punto de inflexión en la vida pública del museo. Mucho antes que la dalimanía, se instaló en Madrid la velazquezmanía. Larguísimas colas se arracimaban ante el Prado para adorar al nuevo becerro de oro. Entonces colgaron en el museo 79 obras. Fue una muestra irrepetible.
Una pequeña gran joya
En esta ocasión, se trata tan solo de 29 cuadros, y 14 ni siquiera son de Velázquez. Pero lo que, sobre el papel, parecía una decepción se torna al visitarla en una gratísima sorpresa. Es una pequeña gran joya, una muestra exquisita. Pocas veces vemos tanta calidad en tan pocos metros cuadrados. Hay obras que nunca han viajado a España y el Kunsthistorisches Museum de Viena ha desmontado, literalmente, sus salas de Velázquez. Como contrapartida, acogerá una muestra del maestro sevillano con importantes préstamos del Prado.
Si sumamos el medio centenar de Velázquez que atesora la pinacoteca española en sus salas y los excepcionales préstamos de esta exposición, el Prado es hoy más que nunca la Casa de Velázquez, pues alberga sus mejores retratos. Salvo dos grandísimas ausencias: el «Retrato de Inocencio X», de la Galería Doria Pamphilj de Roma, y el «Retrato de Juan de Pareja», del Metropolitan neoyorquino. Apenas se prestan y ambos ya han estado en el Prado.
«Las Meninas», su obra cumbre
La exposición, que permanecerá abierta hasta el 9 de febrero, abarca los últimos 11 años en la carrera de Velázquez: de 1649 a 1660. Pero son los más brillantes. Es entonces cuando pinta su obra cumbre, «Las Meninas», que no se mueve de la Sala XII. Esta emocionante aventura arranca en el segundo viaje a Italia del pintor (de finales de 1648 a 1651). El Rey le reclama en Madrid con insistencia y urgencia -aún no ha retratado a la nueva Reina-, pero Velázquez no tiene ninguna prisa por regresar a la Corte: había triunfado en el amor (tuvo una amante que le dio un hijo) y también en el trabajo.
La muestra nos lleva a la Corte papal de Inocencio X, donde Velázquez se encumbró como retratista, inmortalizando a relevantes miembros de la Curia: los cardenales Camillo Massimi y Camillo Astalli, el oficial Ferdinando Brandani y el mismísimo Inocencio X. De los 12 retratos que hizo en Italia, se conservan 6 y en la muestra cuelgan 4. Portús advierte, comparando los retratos velazqueños del Rey y el Papa, que pintó a éste «poderoso, desconfiado, de forma invasiva», mientras que a Felipe IV lo retrata «de forma distante y evasiva».
Endogamia en la Corte
La profunda endogamia de la Corte española de la época (se casan familiares entre sí) provoca, según Portús, una gran uniformidad en los rostros: todos se parecen, todos tienen los mismos rasgos. Muy interesante, el tú a tú entre la Reina Mariana de Austria y la Infanta María Teresa (primas, pero también madrastra e hijastra). Genial, el retrato de esta última con mariposas en el pelo, préstamo del MET: una metáfora del arte de Velázquez, siempre en proceso de transformación. Pero la gran protagonista de la muestra es la Infanta Margarita, presente hasta en 11 cuadros.
En estos últimos años de la carrera de Velázquez los retratos de hombres maduros, que habían centrado su etapa anterior, dejan paso a los retratos femeninos e infantiles. «En ellos cambia la composición y hay una nueva gama cromática. Es un mago del color. Con certeros golpes de pincel crea una sensación de ilusión. Se desborda la parte más sensual y pictórica de Velázquez, que cuida mucho los detalles y crea espacios profundos y misteriosos», apunta Portús.
El taller y sus herederos
Así se aprecia en la impresionante galería de Infantas y el Príncipe niño. Precisamente, con la llegada de la nueva Reina y el nacimiento de sus hijos crece la demanda de retratos y Velázquez recurre a su taller, que tuvo una intensa actividad haciendo copias y versiones de sus cuadros. Es uno de los aspectos menos estudiados de la producción de Velázquez y más interesantes de la exposición, donde cuelgan dos obras de su taller cedidos por el Louvre.
La exposición concluye con el retrato cortesano español de 1660 (año de la muerte de Velázquez) a 1680, y con Mazo y Carreño de Miranda como principales herederos del maestro. «Hay vida después de Velázquez», sentencia Portús. Del primero, destaca obras como una copia de «Las Meninas» y «La familia del pintor» (donde deconstruye «Las Meninas» de su suegro). Carreño homenajea al maestro en espléndidas obras como los retratos de Carlos II y Mariana de Austria. En realidad, la exposición no termina aquí. No puede acabar de otra manera la visita que revisitando la sala XX y, admirando, de nuevo, «Las Meninas», que «no es una pintura de historia sino un enorme retrato real, un acertijo visual, un auténtico alarde técnico», en palabras de Javier Portús.
Durante los últimos diez años de su vida, de 1650 a 1680, Velázquez escribió una de las páginas más brillantes de la historia de la pintura universal y a los retratos cortesanos que hizo durante esa época dedica el Museo del Prado una exquisita exposición.
El recorrido, en el que "Las Meninas" son las grandes protagonistas aunque no se encuentren presentes en las salas de la exposición, propone un paseo por la historia de España y de Europa así como por la historia del retrato cortesano español.
"Las Meninas dan sentido a esta exposición", según Javier Portús, jefe de conservación de pintura española del Museo del Prado y comisario de la muestra, patrocinada por AXA.
En su opinión esta obra no solo es punto de referencia para la historia de la pintura "sino también del retrato. Es la mejor radiografía de la corte española y de los juegos de poder".
29 obras, 15 de Velázquez y 14 de su taller
Para la exposición, dividida en cinco secciones, se han seleccionado 29 obras, quince de ellas realizadas por Velázquez y las catorce restante por su taller o por sus sucesores Juan Bautista Martínez del Mazo y Juan Carreño de Miranda.
Se trata de "un álbum de familia que refleja las peripecias de una grupo familiar de cuyos avatares estaba pendiente media Europa", y muestra un momento de la vida familiar de Felipe IV muy singular, tras la muerte de su mujer y de la de su hijo Baltasar Carlos, heredero de la corona.
La familia real se limitaba entonces al rey y a su hija María Teresa, lo que hacía imprescindible que el monarca se volviera a casar y se decide lo hiciera con Mariana de Austria. De este matrimonio nacen Margarita y Felipe Próspero.
En este contexto se desarrolla la labor de Velázquez como retratista. La llegada de Mariana y el nacimiento de sus hijos da lugar a una amplia demanda de retratos familiares.
"Velázquez tiene que atender estas demandas y lo hace creando obras originales y manteniendo activo un taller que las reproduce", recordó Javier Portús, que ha contado con la colaboración del Kunsthistorisches de Viena, museo que ha prestado cinco obras de Velázquez y dos de Martínez del Mazo.
Miguel Zugaza, director del Prado, agradeció también la colaboración del museo de Viena "que ha descolgado la colección completa de sus Velázquez tardíos" y aseguró que la exposición permite entender por primera vez el trabajo del taller de Velázquez así como la importancia que tuvieron sus trabajos en Martínez del Mazo y Carreño de Miranda.
Un recorrido «tipológico, histórico y artístico»
El recorrido planteado por Portús, "tipológico, histórico y artístico", comienza con una selección de obras realizadas por Velázquez durante su segunda estancia en Italia, donde triunfó como retratista en la corte de Inocencio X, presente en este espacio, y disfrutó de un ambiente cultural abierto y sofisticado, representado por Camillo Massimo.
"En esta época pintó en Roma doce retratos, de los que se conservan seis, cuatro de los cuales están en la exposición", destacó el comisario.
Protagonistas de la segunda sala son "Las dos primas", la reina Mariana y la infanta María Teresa a cuyos retratos tuvo que dedicarse Velázquez a su regreso de Italia.
"Estas obras no se parecen en nada a lo que hizo en Roma ni a lo que pintó con anterioridad a este viaje. En los últimos diez años de su vida el artista se convirtió en retratista de mujeres y niños y eso trajo muchos cambios a su pintura", con una gama cromática más amplia y cálida y atendiendo de forma especial los detalles.
El siguiente espacio lo ocupa "La infanta Margarita", cuyo crecimiento desde los 3 años hasta que viajó a Viena para casarse puede contemplarse en la exposición, en la que aparece en once obras, en ocho de las cuales es protagonista.
Las dos últimas secciones muestran como la historia del retrato cortesano español continúo tras la muerte de Velázquez con sus seguidores Martínez del Mazo y Juan Carreño.
Llegan «Las Meninas» de Kington Lacy
Por primera vez en 200 años, "Las Meninas" de Martínez de Mazo han abandonado el palacio inglés de Kington Lacy para formar parte de esta exposición, en la que han adquirido una importancia especial al ser publicado recientemente un estudio en el que el profesor Matías Díaz Padrón asegura que se trata de un "modeletto" o boceto creado por la mano de Velázquez.
Sobre este punto, Javier Portús no se ha pronunciado directamente aunque ha asegurado que en la exposición la obra está identificada por una cartela en la que el autor es Juan Bautista Martínez del Mazo. "Esa es la catalogación que tiene el cuadro", aseguró y comentó que esta catalogación "es compartida por la dirección del museo".
En su opinión, esta es la primera vez en que se ha creado el contexto que permite conocer mejor el cuadro y hacerse una idea precisa. "Al encontrarse en una sala junto a otras obras de Martínez de Mazo, se le da al visitante todos los elementos de juicio para que se haga una idea".
El día que Núñez de Balboa avistó el Pacífico
Hoy se cumplen 500 años desde que Vasco Núñez de Balboa avistó el Océano Pacífico. Entre las conmemoraciones que permiten ahondar en esta conmemoración figuran dos grandes exposiciones. La primera, recién inaugurada, es la que acoge el Archivo de Indias. La segunda, titulada 'La exploración del Pacífico: 500 años de Historia', es un proyecto conjunto de la Casa de América y el Museo Naval.
'La exploración del Pacífico: 500 años de Historia' está concebida, diseñada y montada por el Museo Naval. Son 170 piezas de dicho museo que recorren 500 años de exploraciones, navegaciones y rutas comerciales, desde el descubrimiento de Balboa y la expedición de Magallanes o el Galeón de Manila hasta la expedición Malaspina, en la que participó el buque Oceanográfico de la Armada, el Hespérides, en 2010.
Hitos históricos
Podrá visitarse en las salas de exposiciones de la Casa de América desde el próximo 3 de octubre. El visitante podrá realizar un recorrido por la historia marítima de los últimos 500 años en sus hitos históricos. Desde el primer avistamiento europeo del Pacífico, el 25 de septiembre de 1513, hasta la lucha por las islas de las especies con Portugal; de la primera vuelta al mundo, a la ruptura con los mitos y leyendas sobre el fin del mundo una vez traspasados los océanos; del llamado Lago Español a la llegada española a Australia, pasando por el primer comercio global consolidado el Galeón de Manila.
La muestra también recorre el Pacífico durante la época de la Ilustración, profundiza en los últimos viajes y exploraciones, y llega hasta la actualidad. Todo gracias a numerosas piezas originales (más de 170), como brújulas, mapas, cuadros, maquetas o cañones.
Archivo General de Indias
Por otra parte, el Archivo General de Indias acaba de inaugurar la muestra «Pacífico. España y la aventura del Mar del Sur», que reúne un total de 163 piezas originales y que estará abierta hasta el próximo el 9 de febrero.
Esta muestra está organizada por Acción Cultural Española (AC/E), la Junta de Extremadura, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Archivo General de Indias y el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. El diseño de la misma corre a cargo de Tannhauser Estudios. Reúne 163 piezas y documentos originales de los archivos estatales españoles, museos y colecciones públicas y privadas. Asimismo, el espectador se encontrará con recursos didácticos, escenografías y audiovisuales que conforman una muestra dividida en siete bloques.
Este viaje en el tiempo se inicia en el bloque «Un mundo incompleto y América, el continente inesperado», en el que se hace una introducción al visitante al desconectado mundo del siglo XV, en donde Portugal y Castilla competían por alcanzar las indias. Se exponen en este apartado el Tratado de Tordesillas, un acuerdo internacional entre las coronas de Portugal y Castilla y un documento de Fray Bartolomé de las Casas en defensa de los indígenas.
El un segundo apartado, «El descubrimiento de la Mar del Sur», muestra documentos relacionados con Tierra Firme (Venezuela, Istmo de Panamá y parte de territorios de Colombia) y la hazaña del extremeño Vasco Núñez de Balboa, primer europeo que divisó el Océano Pacífico y lo dio a conocer en el viejo continente. Entre los documentos expuestos destacan la primera noticia del avistamiento y toma de posesión del nuevo océano, al que el explorador bautizó como «la mar del Sur»; la única carta original que se conserva de Balboa, así como un facsímil manipulable con los principales documentos relacionados con la primera exploración española del Pacífico en sus costas americanas y asiáticas.
Manila y las Marshall
Tras su paso por Trujillo y su estancia ahora en Sevilla hasta el próximo 9 de febrero, esta exposición se podrá ver también simultáneamente (con réplicas de las piezas originales) en el National Museum of Philippines de Manila (Filipinas). Otra versión reducida se puede ver en las Islas Marshall hasta el próximo mes de octubre.
'La lengua y la palabra. Trescientos años de la Real Academia Española'
Tras visitar al Rey en el hospital donde convalece de su última operación de cadera, la Reina ha inaugurado esta tarde la exposición instalada en la Biblioteca Nacional para conmemorar el tricentenario de la Real Academia Española (RAE). La muestra, titulada 'La lengua y la palabra. Trescientos años de la Real Academia Española', reúne más de trescientas piezas con las que se pretende resaltar la trascendencia que esta institución ha tenido para la historia de España y la protección y difusión del castellano.
El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, el director de la RAE, José Manuel Blecua, y los comisarios de la exposición, Carmen Iglesias y José Manuel Sánchez Ron, han recibido a doña Sofía y la han acompañado en su visita por las salas habilitadas en el histórico edificio de la Biblioteca Nacional. También han acudido a la inauguración el presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, la defensora del Pueblo, Soledad Becerril, y numerosos académicos.
Sala a sala, doña Sofía ha recorrido el viaje evocador que los libros, manuscritos de reputados autores y objetos proporcionan al visitante, en un detallado repaso de la historia de las mejores letras en castellano a través de la historia interna y proyección pública de la Real Academia de la Lengua. También hay cuadros emblemáticos de académicos y escritores, como Jovellanos, retratado por Goya; Benito Pérez Galdós, por Sorolla;, Ramón Menéndez Pidal o Juan Valera, así como diplomas y medallas de los Premio Nobel que recibieron los académicos Echegaray, Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa, quien hoy ha estado presente en la exposición.
Todos estos objetos permiten rememorar la labor de los miembros de la RAE a lo largo de tres siglos en los que se vivieron grandes acontecimientos, como guerras, dictaduras o revoluciones y también avances científicos y tecnológicos. Algunas de las joyas bibliográficas que guarda la RAE pueden verse en esta muestra, como la "Gramática" de Nebrija o la edición académica de "El Quijote" de 1780, así como primeras ediciones o manuscritos de autores del Siglo de Oro y contemporáneos, es decir, desde Lope y Quevedo hasta Lorca o Rafael Alberti.
La historia de la RAE
En 1713 ocho académicos se percataron de que en España hacía falta un diccionario como el que otros países tenían para sus respectivas lenguas y pidieron amparo al Rey Felipe V para emprender esa aventura que, con su avatares, problemas y aciertos, ha continuado hasta nuestros días. El relato de esta singladura es lo que pretende la exposición conmemorativa, distribuida en siete apartados que siguen un orden cronológico, desde el origen de la escritura hasta el universo tecnológico del siglo XXI.
Objetos utilizados por los académicos en los últimos trescientos años, como su fichero histórico, las propias fichas escritas de puño y letra por ellos, y las famosas perchas personalizadas donde dejan sus abrigos cuando acuden a la RAE pueden verse en el viaje por el tiempo y la historia que facilita la muestra hoy inaugurada por la Reina .
Musicas
M-10: la vuelta al centro por ciclo-carril
Poco a poco, la bicicleta se va a haciendo un hueco en las calles de la capital. Primero fueron el carril-bici de O'Donnell y el Anillo Verde Ciclista, después el Eje Mayor-Alcalá y ahora: la M-10, que permitirá a los ciclistas dar la vuelta al centro por carriles preferentes. La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, acompañada por el delegado de Medio Ambiente y Movilidad, Diego Sanjuanbenito, presentó ayer esta nueva red de ciclo-carriles que hoy mismo comenzarán a pintarse en las rondas y los bulevares que rodean la Puerta del Sol.
Tal y como ocurre ya en la calle Mayor, así como en otros tramos del eje ciclista que cruza de este a oeste la ciudad, los ciclo-carriles son calzadas ordinarias que llevan una señalización específica en el suelo que indica la prioridad para los ciclistas y establece un límite de velocidad de 30 kilómetros por hora para los vehículos a motor, que siempre deberán adaptarse al ritmo de las bicicletas. Ahora, la M-10 convertirá 10,3 kilómetros de calzadas en ciclo-carriles en un anillo formado por las calles Génova, Sagasta, Carranza, Alberto Aguilera, Marqués de Urquijo, Ferraz, Pintor Rosales, Bailén, Gran Vía de San Francisco, rondas de Toledo, Valencia y Atocha y paseos del Prado y de Recoletos.
Además, en estas vías y paralelos al ciclo-carril, se crearán a su vez 9,8 kilómetros de carriles-bus, para agilizar y dar preferencia al transporte público y a los vehículos más respetuosos con el medio ambiente. «El objetivo es cambiar de un modelo de ciudad tradicional a un modelo de ciudad sostenible», explicó la alcaldesa, que recordó que el 70% de las medidas del Plan de Calidad del Aire 2011-2015 se dirigen al fomento de la movilidad sostenible.
Junto al repintado de las calzadas, que tendrá un coste inferior al medio millón de euros y que estará listo antes de fin de año, el consistorio madrileño también va a crear 67 nuevas líneas adelantadas de detención en los semáforos para motos y bicicletas. Estas líneas, denominadas avanza-bicis, permiten a los vehículos de dos ruedas situarse por delante de los coches en los semáforos para ser más visibles.
Según un estudio realizado por Bluevmove Carsharing y Doymo, uno de cada tres madrileños no va en bici al percibir inseguridad en las calles. Al respecto, el delegado de Medio Ambiente señaló que precisamente la M-10 contribuirá a aumentar la seguridad de los ciclistas. «Poco a poco los conductores se irán adaptando a la presencia de las bicicletas y al uso de los ciclo-carriles, lo que disminuirá la velocidad en la ciudad», explicó. Además, según los datos que maneja el Ayuntamiento de Madrid, desde 2009 el número de desplazamientos en bicicleta en el interior de la almendra central ha pasado del 0,8% al 1,2% –algo más de un millar– .
«Los datos de que Madrid se está subiendo en la bici son alentadores y permiten ser optimistas y creer que en 2016 lograremos el objetivo de que el 3% de los desplazamientos privados sean en bicicleta», señaló Botella.
Y para los peatones, el Área de Medio Ambiente pondrá en marcha la construcción de un nuevo paso peatonal que conectará la plaza de España con los Jardines de Sabatini a través de la calle Bailén. Este paso, regulado por semáforos, estará a la altura de la cuesta de San Vicente.
El pozo
Blas de Lezo, el Nelson español
Será un viaje apasionante a la Cartagena de Indias de 1741. La exposición sobre Blas de Lezo que se inaugurará a partir de mañana miércoles en el Museo Naval reúne no solo 80 piezas, muchas de ellas jamás vistas por el público, como su diario y un retrato suyo y otro de Sebastián de Eslava, que son hitos de una vida de novela. También presenta unos fabulosos audiovisuales, realizados por Parazonium estudio. Esta productora con nombre de espada ceremonial romana ha condensado 3 años de trabajo para que todos podamos, no ya imaginar, sino ver con nuestros ojos cómo era exactamente aquella ciudad, centro del comercio Iberoamericano del XVIII y también objetivo prioritario de Gran Bretaña en su intento de cambiar las tornas e invadir el subcontinente. Hablar de este marino merece la pena.
Nos lo cuenta Jorge Molina, realizador de los 5 audiovisuales que acogerán las salas del Museo Naval. Y lo hace con emoción y la seguridad que le dan los 3 años de trabajo que ha invertido en estas películas. Todas ellas son, para él, un trabajo de precisión matemática en el que se ha aplicado la tecnología de las grandes producciones cinematográficas, como “El día después” o “Elysium”. La idea nació, precisamente, a bordo de la fragata Blas De Lezo, F-103, donde por primera vez le inspiró la idea de realizar un documental sobre el marino y defensor de Cartagena.
Molina partía con la experiencia que le da la realización de documentales de historia militar como el dedicado a Juan de la Cosa, así como los audiovisuales de la exposición “No fueron solas” y “Historia de la navegación“, pero el desafío de Cartagena se adivinó pronto de otra dimensión. “La ciudad es un espacio que ha cambiado notablemente desde 1741, y por ello fue muy necesaria una investigación en profundidad de los materiales disponibles”. Los archivos de la Armada, el Histórico Nacional o el de Indias fueron los centros de esa inmensa pesquisa. Entre los materiales que han sido más útiles destacan los planos de Juan de Herrera y la topografía de la época, así como la batimetría de la bahía cartagenera que datan de 1736. “Lo primero fue compararlos con la más exacta cartografía actual”. Y ahí se empleó las bases cartográficas de la NASA y otros materiales. Mezclando y comparando todo llegarían a recrear por ordenador, con toda exactitud, una zona de 30 x 30 kilómetros con una resolución de 1 metro.
Entonces dieron con el problema de las medidas. De las brazas, los pies de rey, los codos, varas y toesas había que pasar al “bendito sistema métrico decimal”, en palabras de Molina. Pero además de las tablas de conversión tenían un arma invencible: las distancias entre puntos que aún existen, medidas al milímetro por los satélites. “Eso sirvió para hacer las correcciones pertinentes”, afirma el realizador.
Otra dificultad: el plano, porque no era tal. Era curvo como la Tierra. Precisamente fue en aquellas latitudes donde se demostró la forma de la Tierra mientras los bravos de Blas de Lezo defendían la ciudad. “Como queríamos disponer de una visión panorámica hubo que reunir datos de una superficie de 300 x 300 kilómetros, porque la alternativa es que no se viera nada más allá de los 30 km. al elevar la cámara. De hecho hay un plano en el que, a lo lejos, aparece el Cerro Colón, la montaña más alta de la zona, que está a 200 kilómetros de Cartagena de Indias”, explica Jorge Molina.
Pero la renderización 3D incluye no solo las calles y plazas de Cartagena con el máximo detalle, sino también las fortificaciones militares españolas -de las que Cartagena es el paradigma-, una ingeniería bien documentada en los archivos citados y en otros. “Lo más emocionante ha sido poner en pie fortalezas que ya no existen, como el Castillo de San Luis de Bocachica, o el de Santa Cruz, volver a verlas en pie”. Molina insiste: “Emocionante para los españoles y también debe serlo para los Colombianos que lo vean”.
¿Y lo más difícil? El realizador lo tiene claro: la recreación de las embarcaciones, porque los buques fueron verdaderos alardes de la ingeniería del XVIII. “Lo difícil de recrear las naves también era ponerlos todos interactuando en la escena de los bombardeos de Bocachica”
Es decir, que no solo nos ofrecen un vuelo de pájaros sobre una recreación 3D de una ciudad que ya no existe, como si fuera la maqueta más exacta, sino que nos adentran de lleno en la acción heróica por la que Blas de Lezo es recordado: su victoria sobre la flota invencible de Edward Vernon. Por cierto, esa victoria que aún escuece en Greenwich lo suficiente como para que no hayan prestado un cuadro del almirante inglés.
En definitiva, que todos tenemos muchas ganas de pasar por el Museo Naval y poder ver la exposición y detenernos ante las piezas y ante los cinco audiovisuales que Molina nos ha preparado para la ocasión: Uno sobre Pasajes, tierra natal del marino, que forjó su duro carácter entre los intrépidos balleneros vascos que iban en pequeñas embarcaciones a por los cetáceos de Terranova. El segundo sobre la construcción naval de la época. El tercero sobre la intensidad del comercio mundial a la que los descubrimientos y la navegación de españoles y portugueses, primeramente, dio lugar. El cuarto sobre los castillos, baluartes y fortalezas de la ciudad más bella del Caribe. Y el último sobre lo que allí pasó, en el escenario que los más potentes ordenadores han vuelto a revivir para nuestros ojos. Para darnos una idea de la cantidad de información, basta decir que cada segundo de animación ha precisado 50 horas de computación en ordenadores de última generación. El resultado, a la vuelta de dos días…
Palacio Real de Madrid exposición 'De El Bosco a Tiziano
Hubo un tiempo en que Madrid no era solo capital, era el centro de un imperio en el que nunca se ponía el sol y en cuya corte se reunía lo más granado del panorama artístico europeo. Estamos hablando, claro está, del Madrid de Felipe II, cuyo epicentro se encontraba en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, una de las mayores joyas arquitectónicas de España y que este año cumple 450 años de la colocación de la primera piedra. Fotogalería 5 Fotos 'De El Bosco a Tiziano. Arte y Maravilla en El Escorial' La celebración de tal fecha se conmemorará en el Palacio Real de Madrid con la exposición ‘De El Bosco a Tiziano. Arte y maravilla en El Escorial’, que reúne la mayoría de las obras, tesoros y misterios que alberga el monasterio, junto con otras joyas de El Prado, el museo de Louvre y la National Gallery: Más de 155 obras que pretenden demostrar la importancia que tuvo este edificio para el Renacimiento europeo. La muestra quiere demostrar la importancia que tuvo El Escorial para el renacimiento europeoLa muestra, que se inaugura este martes y permanecerá abierta hasta junio de 2014, permitirá a los visitantes disfrutar del trabajo de artistas como Tiziano o El Bosco. La mitad de los cuadros, pinturas y reliquias (reliquiarios, árboles genalógicos, libros miniados, bocetos arquitectónicos, documentos…) que se exhibirán no se suelen exponer al público, como el tríptico que Felipe II instaló en la iglesia pequeña del monasterio formado por el ‘Martirio de San Lorenzo’, ‘El entierro de Cristo’ y ‘La Adoración de los Reyes’. El objetivo de la exposición, según Fernando Checa, comisario de la misma, es resaltar la importancia de El Escorial como "uno de los ejemplos supremos del Renacimiento europeo". Destacan la sala dedicada a Tiziano y las dos obras de El Bosco (‘Cristo coronado de espinas’ y ‘Paisaje con San Cristóbal y el Ángel’), este último uno de los artistas favoritos de Felipe II.
Fundación Mapfre, «Macchiaioli: Realismo impresionista en Italia»
Uno de los movimientos artísticos italianos más importantes del Siglo XIX, aterriza por primera vez en España de la mano de la Fundación Mapfre, que presentó ayer la exposición «Macchiaioli: Realismo impresionista en Italia», y que podrá verse desde el 12 de septiembre hasta el 5 de enero de 2014.
El Siglo XIX en Italia fue el de la unificación, el de la búsqueda de una identidad nacional a pesar de las diferencias sociales. El gérmen patriótico contagió a artistas e intelectuales, que se comprometieron y formaron parte de los principales conflictos del Risorgimento. Florencia, capital italiana durante algunos años, se convirtió en la ciudad de mayor actividad cultural de la región, y en el Caffè Michelangiolo, a los pies del Duomo, se reunirían una serie de jóvenes artístas comprometidos con la renovación artística y los ideales de la nueva Italia.
Son los «macchiaioli» («manchistas»), calificativo que les puso la crítica de forma peyorativa, y que el grupo acabó adoptando de buen gusto, en paralelo a los «impresionistas» de Manet y compañía. Estos, al igual que los italianos, también se interesan por las nuevas investigaciones en torno al color y a la óptica. El punto de ruptura llega con el uso que da cada uno, pues mientras los impresionistas logran un nuevo sistema de ver la realidad a través de la luz y del color, los macchiaioli plasman sencillas escenas campesinas sin perder atención a los temas cotidianos o históricos.
Influencia en España
La muestra alberga un centenar de obras que crean una innovadora visión de la campiña toscana, con fuertes contrastes lumínicos. «La exposición se encuadra en el programa expositivo de Mapfre con el que intentamos acercarnos a una visión amplia de lo que fue la llegada de la modernidad. El de los "macchiaioli" es un periodo especialmente importante para nosotros, ya que la modernización de España se hizo más mirando a Italia que a París», dijo Pablo Jiménez Burillo, director general del Instituto de Cultura de la Fundación. «Sus obras son una mezcla de espontaneidad y de una mirada al pasado, algo que se repite en las vanguardias. Estos artistas son para nosotros una pieza fundamental, y sorprende que sean tan desconocidos».
Guy Cogeval, presidente de los museos de Orsay y de l’Orangerie, incidió en que «la "ley criminal de Mussolini", -que prohibía vender fuera de las fronteras italianas las obras de arte del siglo XIX-, propició que estas obras nunca estuvieran en el mercado internacional, por lo que ha sido considerado casi como un movimiento provinciano».
La exposición incluye además un apartado dedicado a Mariano Fortuny, ya que, desde un planteamiento distinto, compartió con ellos algunos puntos de vista y maneras, pero al que los «macchiaioli» criticaban en un principio.
Musicas
Viva Aragon
125º aniversario del submarino
Tesón, perseverancia, celo profesional, audacia, acendrado patriotismo, firmeza y amor por su profesión fueron las principales características de este marino de guerra, hijo y nieto de marinos, nacido en Cartagena el 1 de junio de 1851. Isaac Peral y Caballero ingresó con apenas 14 años en el muy exigente Cuerpo General de la Armada, al que se reserva el mando de los buques de la flota.
El Cuerpo poseía una sección de notables científicos desde que, en 1783, Antonio Valdés creara la Academia de Ampliación de Estudios con el objeto de proporcionar a la Armada hombres de elevada cualificación que asegurasen el progreso técnico de la navegación y el conocimiento para comprender y someter a un medio tan hostil como el mar. A este fin se reservaban los oficiales más competentes de cada promoción, lo que explica, que incluso en pleno siglo XIX, cuando España, por la ceguera de las distintas facciones políticas que la gobernaron, dio la espalda al progreso científico, la Marina mantuviera un plantel de gran prestigio entre los que sobresalen, además de Peral, otros inventores como González Hontoria, Bustamante o Fernández de Villaamil y especialistas muy notables como Díez Pérez-Muñoz, Pujazón, Viniegra...
Isaac Peral.
Tras una veintena de años dedicados a la acción, en los que Peral transitó por todos los mares y océanos en todas las embarcaciones de la época (buques de vapor, de vela, de madera, blindados, protegidos y sin proteger) y en los que no faltaron meritorios hechos de armas, Isaac Peral es reclamado por el Director del Observatorio de la Marina y de la Academia de Ampliación de Estudios para que se hiciera cargo de las cátedras de física, química y alemán. El 1 de enero de 1883 recibe el nombramiento definitivo.
La Armada y el Ejército llevaban años de oscura y abnegada lucha en los confines de lo que quedaba del Imperio. Con cada vez menos recursos, por la cicatera y negligente política de los sucesivos gobiernos liberal-burgueses que asolaron España en la segunda mitad del XIX, se batían con singular eficacia, a base de grandes dosis de valor y profesionalidad, contra la insurgencia cubana, el filibusterismo amparado desde Washington y los permanentes ataques de la piratería malaya.
En estas campañas la Marina se distinguió hasta el punto de que EEUU, con infinitos mayores recursos, nunca obtuvo los éxitos de la Armada en la durísima lucha contra los piratas joloanos, en la que tenían que hacer frente a los primeros ataques de terroristas suicidas, llamados entonces 'juramentados' (antecedente de los yihadistas actuales).
1884 supone un hito dramático para la Armada, tras años de abandono en lo que a la dotación material y presupuestaria se refiere por todos los gobiernos desde la caída de Narváez, el ministro de Marina se vio obligado a suspender el ingreso de cadetes en el Colegio Naval de San Fernando por falta de buques de guerra. Apenas se construían nuevos y los viejos se iban quedando obsoletos. La situación se agravó el año siguiente con la medida suicida de cerrar los Arsenales de La Habana, dejando a merced de los ingleses en Jamaica y de los norteamericanos el mantenimiento de nuestra flota de las Antillas.
Isaac Peral, testigo y protagonista de las hazañas de la Armada, y de la desastrosa situación a la que estaba abocada, no pudo permanecer al margen y decidió hacer algo grande para atajar el problema: la invención del arma submarina. No fue casualidad que el proyecto fuera acabado, en el plano teórico, precisamente ese 1884. A la única persona a la que se lo comunicó fue a su mujer Carmen, quién sintió el presentimiento de que no traería nada bueno, por lo que le pidió que no se lo comunicara a nadie más.
A la dcha., el ministro Beránger. A su izquierda, el 'Mercader de la Muerte'.
La situación cambió de repente cuando un enfrentamiento con Alemania por la posesión del archipiélago de Las Carolinas amenazó con llevar a España a la guerra. La tensión fue creciendo entre ambas naciones durante los meses de agosto y septiembre de 1885 y el inventor sintió que era su deber poner en conocimiento de sus superiores que había inventado el submarino y lo ofrecía a su patria para su mejor defensa.
En agosto de 1885, en plena crisis prebélica, comunica su invento a sus superiores Pujazón y Viniegra, directores respectivamente del Observatorio Astronómico y de la Escuela de Ampliación. Pujazón le contesta que por decírselo persona a la que tiene en gran consideración, le cree. Viniendo de otra, hubiera pensado que se trataba de una locura. Se nombró de urgencia una junta con las personas más capacitadas de ambas instituciones para que Peral defendiera su invento. Salió airoso y sus superiores le rogaron que lo comunicara al entonces ministro de Marina, Manuel de la Pezuela. El 9 de septiembre de 1885 le envía la carta y el ministro acoge con gran interés el proyecto, dictando varias órdenes para que se efectuaran pruebas preliminares y declarando el asunto alto secreto militar. La suerte, sin embargo, cambió muy pronto para el inventor, ya que con la muerte de Alfonso XII se produjo el relevo del Gobierno lo que implicó el cambio en la cartera de Marina.
Una historia de complots y zancadillas
Al general Pezuela le sustituyó otro de talante bien distinto: el vicealmirante Beránger, intrigante cacique bien relacionado con el trust industrial británico, principal responsable del inadecuado desarrollo del Programa Naval que nos condujo al desigual enfrentamiento con la Marina de EEUU. El ministro de Marina más nefasto del siglo XIX. El 15 de diciembre de 1885 se hace cargo del ministerio y con su llegada, el proyecto del submarino queda aparcado durante siete meses y sufre la primera violación del secreto. En las propias dependencias del ministerio tuvo acceso a los planos y la memoria depositados por el inventor uno de los peores traficantes de armas que ha habido en la Historia: Basil Zaharoff, conocido como el 'Mercader de la Muerte'. según sus biógrafos Allfrey y McCormick, Zaharoff había sido reclutado por el espionaje británico en la década de 1870.
Periodistas extranjeros y buques de guerra de todas las marinas del mundo acudieron a presenciar las pruebas en Cádiz, pero ninguna autoridad se dignó a visitar la ciudad
No fue hasta finales de junio de 1886 que Beránger, actuando bajo presión, decidió dar continuidad a lo previsto por el anterior ministro. A finales de octubre dimitió por discrepancias con el presidente Sagasta. Le sustituyó en el cargo Rafael Rodríguez de Arias, que venía de la capitanía general de Cádiz, pero tampoco era partidario del submarino. La intervención personal de la reina regente a favor de Peral le obligó a cambiar de actitud.
El proyecto del submarino siguió adelante, no sin dificultades. Aún tuvo que pasar otras dos pruebas previas a la autorización definitiva; en una de las cuales, precisamente la que tenía que verificarse en presencia de la Reina y de los dos ministros militares, sufrió un sabotaje que recuerda mucho a los que efectuó Zaharoff, el Mercader de la Muerte, contra sus competidores. El día de la prueba, Peral acudió antes de la celebración para hacer un ensayo previo. Se llevó una desagradable sorpresa al comprobar que las pilas no funcionaban porque habían sacado el bicromato de potasa y lo habían sustituido por tinta roja. Afortunadamente, descubrió a tiempo la añagaza y pudo subsanarla. La prueba fue un éxito.
No debemos olvidar que por estas fechas la empresa Maxim & Nordenfelt que dirigía este peculiar individuo trataba de vender falsos submarinos a varios países y estafó a los gobiernos griego, turco y ruso con tres artefactos, diseñados por Garret y el propio Nordenfelt, que se hundieron en las primeras pruebas efectuadas.
A la izquierda, Isaac Peral con 21 años. Junto a él, Cecilio Pujazón.
El 20 de abril de 1887 se firma la Real Orden por la que se facultaba al inventor para que, con la "mayor urgencia", proceda a la fabricación de su submarino y decreta "máximo secreto". Ni lo uno ni lo otro se observaron como exigía la Jefatura del Estado. Después de recorrer varios países europeos para adquirir el material necesario, en septiembre de 1887 comienza la fabricación del submarino al que se puso la quilla el 1 de enero de 1888 y se botó el 8 de septiembre.
Durante 1889 y 1890 Isaac Peral junto con los otros diez tripulantes del submarino efectuaron cuantas pruebas se le exigieron: navegó dentro y fuera del agua, en la bahía y en alta mar, disparó torpedos sumergido y sin sumergir, realizó ejercicios tácticos de ataque y defensa; diurnos y nocturnos. De todos salió exitoso. A presenciar las pruebas en la bahía de Cádiz acudieron periodistas españoles y extranjeros y buques de guerra de todas las marinas del mundo que saludaron con honores militares la gesta. Pero ninguna autoridad civil ni militar española se dignó a visitar Cádiz en aquellos días.
El submarino incorporaba elementos totalmente novedosos y que luego han incorporado todos los submarinos convencionales posteriores: propulsión eléctrica, tubo lanzatorpedos, periscopio, corredera eléctrica, aguja compensada... Todos los testigos de esta hazaña enmudecieron de asombro. Por desgracia, desde el inicio de sus trabajos se venía tejiendo en su contra un poderoso complot que acabaría por destruir su obra. Desde antes incluso de la botadura ya se había iniciado una campaña muy hostil hacia el submarino y su inventor.
Al final de las pruebas oficiales, en julio de 1890, se reunió una Junta Técnica para dictaminar sobre la utilidad militar del invento y emitió un riguroso informe sobre sus características, concluyendo que el programa submarino debía seguir adelante y confirmando que Isaac Peral había inventado el submarino y había logrado lo que nunca antes había hecho hombre alguno.
A la izquierda, Manuel de la Pezuela. A su derecha, el presidente Cánovas.
Fracaso forzado
En septiembre de 1890, el nuevo Gobierno debía tomar una decisión. Habían vuelto al poder Cánovas y Beránger y era claro que ninguno de los dos tenía la menor intención de seguir adelante con el proyecto. Tampoco Sagasta lo hubiera hecho. Políticamente la situación era compleja debido a que el informe de la Junta Técnica era favorable y la mayoría del pueblo apoyaba al inventor. Pero la solución era sencilla y el periódico 'El Correo' (cercano al partido de Sagasta) la predijo con exactitud: se ocultaría el informe de la Junta, se involucraría a otras instituciones y se perdería tiempo para enfriar el entusiasmo popular.
Beránger constituyó un Consejo Superior de la Marina a la medida de lo que se buscaba, bajo su presidencia y con hombres de su confianza. Se nombró secretario al capitán de fragata Emilio Ruiz del Árbol, espía al servicio de EEUU. El Gobierno, infringiendo lo dispuesto en la Real Orden vigente, le encomendó que examinara el asunto, cuando lo previsto es que fuera el propio Consejo de ministros quien lo resolviera. Para facilitar más la manipulación se estableció que las reuniones comenzaran a partir de las nueve de la noche.
Montó una fábrica de acumuladores en Madrid y varias empresas por toda España para electrificar municipios, empresas e instalaciones
El 4 de octubre, el Consejo emitió un informe muy ambiguo que se dedicaba más a descalificar la personalidad del inventor que a juzgar técnicamente su obra, pero del que se concluía que "no había invento ni en el conjunto del submarino ni en ninguno de sus elementos" y, además, atribuía a la "casualidad" sus más que evidentes logros. Luego se descubrió que el informe presentaba adulteraciones y enmiendas respecto del original, tal y como acreditó la prueba notarial requerida por el inventor. Se remitió el informe adulterado al Consejo de ministros que lo suscribió al 100% y se hizo creer a la opinión pública que era el informe de la Junta Técnica el que suscribía. El Gobierno cometió un grave error, por decirlo de manera benevolente, que pagó la nación entera.
En noviembre se instó a Isaac Peral a que entregara bajo inventario su submarino y, con ello, se dio muerte definitiva al primer programa submarino del mundo. Peral cumplió escrupulosamente y, acto seguido, pidió la licencia absoluta que suponía su baja definitiva en el Cuerpo. El inventor se trasladó a Madrid para operarse de un cáncer que se le había manifestado en octubre de 1889 y que le había perjudicado durante el periodo final de las pruebas. No quedó curado, pero le dio tiempo a crear la primera industria eléctrica de importancia que hubo en el mundo.
Montó una fábrica de acumuladores en Madrid y varias empresas diseminadas por toda la geografía nacional para electrificar municipios, empresas e instalaciones de todo tipo. Además, montó las primeras centrales eléctricas que hubo en España. Sólo por estos hechos merecería reconocimiento universal pues fue pionero de la Segunda Revolución Industrial. Su salud se fue deteriorando muy deprisa y desde 1891 hasta 1895 sufrió cuatro graves intervenciones quirúrgicas. No sobrevivió al postoperatorio de la última, que le fue practicada en Berlín, cuando estaba a punto de cumplir 44 años.
Su obra, en materia eléctrica, fue continuada por el ingeniero belga Tudor. Y, precisamente con las baterías Tudor, volvieron a navegar los submarinos. ¡La Armada y sus marinos trataron de evitar el desastre que se avecinaba; los políticos la condenaron!
Javier Sanmateo (*) es economista y bisnieto de Peral. Ha publicado el libro 'El submarino Peral. La gran conjura', Editorial: Áglaya. Todas las imágenes del artículo pertenecen al libro que publicará en septiembre, 'Isaac Peral; la gran ocasión traicionada'

