Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2012.

Pompeya, catástrofe bajo el Vesubio

 

Con la asistencia de Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, se inauguró el lunes en el Centro de Arte Fundación Canal, en Plaza de Castilla, la muestra Pompeya. Catástrofe bajo el Vesubio, que reúne 600 piezas pertenecientes a los museos napolitanos descubiertos en la ciudad romana que en el año 79 de nuestra era fue sepultada por las cenizas de la explosión del volcán. La muestra, hermosa, concluyente, auspiciada con criterios muy modernos, gracias al montaje de Ignasi Cristiá y al comisariado de Martín Almagro, se exhibe en los sótanos de ladrillo, en toral concordancia con la idea de una ciudad romana, que albergó en su momento otra gran muestra del Canal, la de los guerreros de Xian. Los responsables de la exposición se muestran optimistas: piensan que Pompeya, sus ruinas, suponen desde que fueron descubiertas en el siglo XVI, un tirón tal en el imaginario europeo, sobre todo en el Romanticismo, que las previsiones de asistencia pueden quedarse cortas respecto a los guerreros de Xian. Sólo el espectro de la crisis, la entrada vale 6 euros, añade una sombría inquietud a la que se supone una de las exposiciones arqueológicas más importantes que se han dado cita en Madrid.

 Y la cierto es que respecto a la fascinación que despertó Pompeya desde que fue descubierta no cabe la menor duda. La razón es obvia: Roma, su Imperio, es  el origen político, jurídico y hasta social en muchísimos aspectos de la vida cotidiana de Occidente. Pero ese origen siempre fue contemplado a través de unas ruinas espléndidas pero que, lejos de aplacar la imaginación, hacían que Roma fuera reconstruida con caracteres dispares y las más de las veces algo caóticos. Siempre quisimos que las ruinas nos hablaran, y ello sólo ocurrió cuando en la Ilustración, y debido a la implicación de los Farnesio, sobre todo de nuestro Carlos III cuando era Carlos VII de Nápoles, se comenzaron las excavaciones de la ciudad intacta, sepultada en una capa de ceniza de metros de espesor que milagrosamente había dejado detenido en un instante el acontecer del tiempo. Los relojes se habían detenido. La fascinación no hizo más que comenzar.

Contemplando la muestra se entiende. Desde luego la labor de Ignasi Cristiá en esta labor ha sido fundamental pues ha dividido las piezas en categorías didácticas que hacen del recorrido un paseo coherente por el mundo cotidiano romano. Las categorías son sociales, políticas y artísticas: el origen de la ciudad, la casa de un señor del momento, vida privada, pinturas murales, ocio y vida pública, componen así un mosaico donde al espectador se hace una idea cabal de lo que representó esta ciudad en su momento, y el trauma de su desaparición, un drama que hizo de Pompeya el símbolo de la catástrofe natural más grave del mundo antiguo. Nada más alejado de la realidad, por otro lado. Sólo los terremotos y las explosiones volcánicas ocurridos en el Mediterráneo dieron al traste con civilizaciones como la micénica, o la desaparición de la ciudad más importante después de Roma en la Antigüedad, Alejandría. El mito de la Atlántida, recogido por Platón, está en el origen de esas desapariciones, como la de la isla de Santorini, pero lo cierto es que Pompeya se erige en el imaginario popular como el drama más monstruoso de los tiempos antiguos. La razón, de nuevo, es obvia: es la única ciudad que ha quedado intacta, libre de reconstrucciones mentales. Y eso ayuda.

Impresiona, por ejemplo, la huella del pie de un habitante de Pompeya, una inquietante muestra fantasmal de alguien que estuvo en este mundo hace mil quinientos años pero que nos ha dejado una impronta de su paso, o la de otro sorprendido cuando intentaba subir por una escalera, la del un perro atado a una columnata y el extraño retorcimiento producto  de una agonía, quizá, el joven en actitud durmiente, convenientemente relleno de yeso, tal y como lo quiso el arqueólogo Giuseppe Forelli, que en 1860 rellenó muchos de estos cuerpos con yeso para que se apreciaran mejor sus agónicas posturas, y que es probable cayera asfixiado por los gases del volcán,  en fin, huesos semienterrados en la playa cercana a la ciudad. De casi milagroso podemos establecer la supervivencia limpia del retrato de Safo, perteneciente al Museo Arqueológico de Nápoles, una de las piezas más bellas de la pintura romana que conocemos y que mantiene una extraña cualidad orientalizante, como casi todo lo que proviene de esa ciudad.

El espectador puede creerse que Pompeya era una especie de Las Vegas del Imperio, la estatua de Príapo que se muestra parece sugerirlo de manera fehaciente, rotunda, pero lo cierto es que fue una ciudad próspera, con un puerto importante y crucial en el comercio pues se encontraba en plena Via Apia, pero lo de la fama de lupanar de Roma es producto de una sobrecargada fantasía. De lo que no cabe duda es de la riqueza de muchos de sus habitantes y, sobre todo, de la extraña cualidad de las piezas artísticas halladas en las excavaciones, una cualidad de fineza que contrasta sobremanera con la tosquedad de los productos romanos.La Casa de los misterios es, por ejemplo, una buena muestra de ello; también ciertas pinturas, como la del mirlo en una rama, que durante años me obsesionó como si fuera una muestra extraña de la influencia de la pintura china en Roma. Idea nada descabellada.

La muestra finaliza con un homenaje a Carlos III, que patrocinó las excavaciones de Herculano y Pompeya, también de las ruinas mayas del Yucatán, pero esto es otra historia,  hasta el punto de que Martín Almagro lo compara, y cree que su importancia es aún mayor, a la de Lord Carnarvon, el que halló la tumba de Tutankamón, o Heinrich Schliemann, el descubridor de Troya y Micenas. Creo que es una exageración: Pompeya ya estaba descubierta muchos años antes y Carlos VII patrocinó las excavaciones. Acto loable como mecenas pero que le aleja de la labor, muy distinta, de los arqueólogos.

La muestra permanecerá abierta hasta el mes de mayo. Las exposiciones, como antaño, cada vez están más tiempo en un lugar. Cosas de la crisis.

10/12/2012 18:05 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El cartel de Tío Pepe se queda, definitivamente, en la Puerta del Sol

Operarios desmontando el cartel de Tío Pepe.| González Byass

La Comisión de Patrimonio de la Comunidad de Madrid aprobará mañana viernes el cambio de ubicación del histórico luminoso. Un portavoz del Gobierno regional ha confirmado que tanto el Ayuntamiento como el Ejecutivo autonómico están conformes con el nuevo emplazamiento. Concretamente, se asentará en el número 11 de la Puerta del Sol. El inmueble pertenece a El Corte Inglés. El histórico luminoso había 'vivido' sobre el antiguo Hotel París, en el número 1 de Puerta del Sol. Ahora mirará frente a frente a la Real Casa de Correos, sede del Gobierno regional. "Hace unos días los propietarios, la familia mexicana Gutiérrez Estrada, nos comunicó que no iban a renovar el contrato de arrendamiento", aseguraba en junio un portavoz de la familia González-Byass, propietario del luminoso. "Hemos hecho gestiones con ellos para intentar convencerlos, ya que el contrato de alquiler acaba el día 30 junio y seguimos haciendo contactos", precisó. La empresa jerezana paga a los propietarios por mantener el cartel en el lugar. "No nos planteamos salir de la Puerta del Sol. Necesitamos una cubierta de las medidas del luminoso. Hay que tratar temas de seguridad, si es viable técnicamente...", precisaba entonces. La polémica desaparición del cartel de Tío Pepe se conoció durante la Semana Santa del pasado año, cuando comunicaron a los propietario del cartel que se iban a hacer obras de acondicionamiento en el edificio. La idea es que Apple, la empresa tecnológica que ocupará el inmueble convierta el número 1 de la Puerta del Sol en su tienda emblema en España. "Nos dijeron que iban a comenzar por la cubierta y que habría que bajar el luminoso. En ningún momento nos precisaron que no volvería el cartel a su ubicación. Nosotros lo vimos como una oportunidad para hacer obras de restauración y aligerar la estructura, que es muy pesada", precisaba el pasado 6 de junio un portavoz de la compañía González Byass. El luminoso duerme desde entonces, cuando se quitó de su emplazamiento original, en un almacén en Arganda del Rey. El Ayuntamiento indultó hace dos años a este cartel, al de la tónica Schweppes, ubicado en Callao y el del BBVA del paseo de la Castellana, después de poner en marcha una normativa para regular la publicidad exterior en los edificios. La empresa tenía claro que el cartel o se quedaba en la plaza o en ningún sitio. Llegó a montarse, incluso, una plataforma de apoyo.

20/12/2012 20:44 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


FELIZ NAVIDAD

20/12/2012 20:53 Miguel Angel Rodriguez Urosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.